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Cuando escribo para otro, dejo el Ego aparcado y disfruto plenamente del proceso literario. Como si una mujer profundamente mojigata se metiera a prostituta y entonces empezara a disfrutar del sexo porque "lo hago solo por dinero, por extrema necesidad". El amor propio, la dignidad y la moralidad no se ven dañados en ningún caso. Ni éxito ni fracaso, ni estrategias de defensa, ni rabietas, ni sentimiento de culpa. Sexo y nada más que sexo, sin más quebraderos de cabeza.

El negocio tiene muchas salidas. Hay negrura para dar y tomar. Más de la mitad de las memorias y autobiografías de celebridades son redactadas por negros. Ante la necesidad de escribir mucho y muy rápido, algunos escritores famosos contratan a un negro y sus libros se convierten en franquicias que llevan el nombre y los apellidos como una marca registrada, como el McDonald´s de la esquina o el Zara de enfrente, envoltorios relucientes y ampliamente publicitados. Algunos editores toman ideas de novelas que rechazan para pasárselas a un negro responsable de la franquicia de un escritor de su cartera. Otras veces llaman para darle el Gran Premio a un escritor mediático, éste no tiene nada preparado y llama a su negro, que tampoco está en su mejor momento y éste subcontrata a otro negro de confianza que plagia enterito el libro de un autor muerto y desconocido. Rutina.

Una de las claves de esta profesión es lo que yo llamo la "reencarnación involutiva".

Es muy difícil ponerse en el lugar de un escritor retrasado, complaciente y mediocre y escribir para su legión de zombis del mismo palo. Hay que tener un talento especial. Es como les sucede a las consolas retrocompatibles con los juegos de una consola antigua. Se necesita un software para que la consola se haga la retrasada mental y utilice solo una parte de su poder de procesamiento. En este caso, mi cerebro, debe funcionar con un tercio de neuronas y a una velocidad ultra lenta. Yo me digo a menudo: "Imagínate que lo que estás escribiendo en realidad es humor negro, ironía pura, que escribes de forma mediocre para reírte de lo mediocre". Aunque luego la legión de lectores no debe percibir ni una pizca de sarcasmo y se debe tomar el texto con la mayor seriedad. Aunque yo, a veces, cuando leo lo que he escrito, me parto. Cuando no me funciona este truco, me emborracho o escribo sin haber dormido la noche anterior. Ojalá existieran lobotomías temporales con un aparatejo tipo whisper XL.

La experiencia de negro me dice que el secreto para escribir una novela comercial es alimentar las creencias socialmente compartidas y no cuestionarles nada. Y movimiento, mucho movimiento, acción, que parezca una película y que no haya ninguna reflexión que pueda cruzarles los cables.

Una de las cosas que peor llevo es cuando me intentan sonsacar los nombres de los escritores para los que escribo o he escrito. Antes, cuando salía y bebía alcohol, lo pasaba fatal. Ahora ya no bebo nunca en público por miedo a revelar los nombres en plena borrachera.

No saben ustedes la cantidad de gente que quiere tener un libro escrito sin tener que escribirlo. La mayoría de gente que te confiesa que ansía ser escritor, en realidad ansía haber escrito, no tener que escribir, aunque no sean conscientes y se autoengañen. El facha, el progre, el famoso, el desconocido, el futbolista, el torero, el presentador de telebasura... Eso es lo bueno de este negocio. El mercado es tan amplio como todo el espectro social y económico.

Ser escritor no tiene nada que ver con querer escribir. Son motivaciones totalmente independientes. Ser escritor es un gen y querer escribir es una característica aprendida.

Me han ofrecido, entre otras cosas, escribir un nuevo episodio de una saga de detectives. Odio la novela negra. También me han ofrecido escribir una novela juvenil, un género que odio todavía más que la novela negra. Buenismo, corrección, VALORES para los jóvenes y después vendrá el gran chasco cuando se enfrenten a la realidad y vean que todo lo que les vendieron era una mentira cochina y que la vida es una guerra sangrienta y despiadada.

Con tantos pedidos, voy a tener que plantearme subcontratar a un negro para o directamente decirle a otro negro que me escriba la próxima novela. ¡Seré un negro con negro! Se producirá una paradoja espacio-tiempo, una singularidad o, ya que la cosa va de negros, un agujero negro en toda regla.

Intento con este artículo disuadir al personal, rebajar su entusiasmo y disminuir el número de peticiones. Soy peligroso. Soy una bomba de relojería y soy fan de Jualian Assange. Si me tomo unos chupitos y me persuaden un poco, ¡puedo tirar de la manta!

 

(Artículo incluido en el libro 'Me arrepiento del mañana', de venta en la web)