51717 londra la discoteca egg a londra

Tenía que satisfacer unas necesidades genéticas y me metí en una discoteca para encontrar una hembra que cumpliera las exigencias de Generatriz y me provocara una contundente erección peneana. Encontré a una hembra perfecta: pechos grandes, firmes y con pezones prominentes, una proporción de cintura-cadera de exactamente 0,7, facciones infantiles, piel tersa, cara totalmente simétrica, ojos grandes y mandíbula pequeña. La música estaba muy alta, por lo que opté por escribirle en mi cuaderno de escritor.

-Estoy programado para intentar introducirte este apéndice colgante, obtener un orgasmo y esparcir mi código. Creo que la sinceridad es la base de toda relación humana. Sé que tú estás programada para elegir a un hombre fuerte e inteligente y fiel que vaya a proteger a tus crías, pero no debes preocuparte por eso porque voy a utilizar preservativo. Sólo me interesa el orgasmo. ¿Qué dices?

Le entregué el cuaderno y le di el bolígrafo por si quería pronunciarse al respecto. El gesto de su cara no denotaba mucho convencimiento. Tal vez estaba indecisa. Le cogí el cuaderno y el bolígrafo y añadí:

-Sé que estás programada para sentirte atraída por hombres con mandíbula ancha y prominente, cara simétrica, señal de buen sistema inmunológico y buena calidad genética que será implementada en tus copias recombinadas, pero te repito que voy a utilizar preservativo.

Pensé un momento y continué:

-No te puedo prometer que vaya a provocarte un orgasmo. Ya sabes que no estáis programadas para eso, que el orgasmo femenino es sólo algo cultural, pero no cejaré en el empeño, aunque ya sabes que con un pene es prácticamente imposible. Lo dejaremos para después, ¿ok? Me dedicaré en cuerpo y alma a ello, aunque con el dedo índice. Así podré disfrutar de mi orgasmo sin quebraderos de cabeza, sin contenciones inútiles.

La hembra me pidió el bolígrafo y escribió:

-¿Y yo qué obtengo a cambio?

A lo que contesté:

-Nada. Será un acto de solidaridad. Habrás ayudado al prójimo a sentirse mejor y le habrás ahorrado horas y horas de persuasión oral, fastidiosas borracheras con resaca y una pérdida ingente de energía y tiempo.

La hembra escribió:

-Valoro mucho la sinceridad. De acuerdo. Te cedo este cuerpo exuberante, estos pechos bamboleantes y puntiagudos, esta boca húmeda y caliente y esta mente obscena que pensará cosas sucias y excitantes para susurrarte al oído.

A lo que respondí:

-Perfecto. Ya verás qué bien te sientes al ayudar a un pobre desgraciado, a una víctima de los instintos primarios.

Salimos de la discoteca, nos montamos en su coche y fuimos a su apartamento.

 

(Artículo incluido en el libro 'Me arrepiento del mañana', de venta en la web)