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De repente, todo el mundo es discípulo directo de SuperManDela, desde Rajoy y todos sus ministros, pasando por Julio Iglesias, Arnaldo Otegui y hasta George W. Bush (Azanar también, por supuesto, no va ser menos). Progres, fascistas, mafiosos, banqueros, asesinos... Todos somos de Mandela. Todo el mundo lo conoció, y sí, percibió la magia divina del superhéroe. Hasta Naomi Campbell, que salió disparada en su avión privado hacia el funeral, luciendo sus diamantes de sangre, regalo de varios dictadores centroafricanos que querían tirársela en sus años mozos.

Curiosamente, además, todos admiraron y admiran a SuperManDela aunque ni dios aprendió nada. Ni siquiera sus familiares más cercanos, peor que buitres carroñeros. Claro, 'Tata' estaba fuera arreglando el mundo y sus hijos a la buena de Dios, viendo porno, jugando a la consola y fumando crack en la mansión.

SuperManDela arregló una nación entera él solo, ¿eh?, sin la ayuda de nadie. El solito con sus manos terminó con el apartheid. Según el diario El País, no sólo acabó con el apartheid, sino que 'acabó con el racismo'. Allí donde había un acto racista, SuperManDela volaba y aterrizaba para imponer el bien y acabar con los malos. En Sudáfrica ya no queda ni rastro de racismo. Ni rastro. Y no sólo eso, sino que además, SuperManDela contagió a los países vecinos y al final se erradicó el racismo de todo el continente africano. Tanto es así que ya nadie ve el color negro sino sólo almas incorpóreas y por tanto ha dejado de utilizarse la palabra 'negro' porque ya nadie ve ese color (o ausencia de color, mejor dicho). Nadie ve la ausencia de color, ¡todo es colorido y hermoso!

El fin del apartheid no fue un cúmulo de causas, variables, intereses, factores, personas... Fue SuperManDela, él solito, gracias a su cándida sonrisa. Y el fin del apartheid es tan importante para el planeta porque Sudáfrica es un país estratégico casi tan influyente como China, Japón o Estados Unidos. Sudáfrica no es un pegote irrelevante. Sudáfrica es el ombligo del universo y el apartheid igualito que el holocausto. Y Mandela no tuvo un plus de popularidad por el hecho de ser un negro guay y risueño. Si hubiera sido un blanco avinagrado, se le hubiera tratado exactamente igual por sus encomiables actos. ¿Qué os creéis?

El legado de SuperManDela es enorme, tan grande que podría estar escribiendo doscientas páginas sólo para el primer capítulo. Gracias a SuperManDela, no hay cientos de guerras, ni masacres económicas, ni desastres naturales provocados por el hombre y el planeta no está a punto de reventar. Y Sudáfrica no está llena de mierda y miseria, no soporta un 40 % de paro y no está de corrupción hasta las cejas. Y además, tienen la posibilidad de elegir entre dos o tres caciques corruptos. ¿Se puede pedir más?

En Sudáfrica, en el año 23 de la era d. m (después de Mandela), reina la paz, la equidad y el desarrollo sostenible y cultural con eventos tan enriquecedores y espirituales como el Mundial de Fútbol que, a pesar de lo que algún malvado pueda pensar, no es sólo marketing capitalista y billetes a mansalva para unos pocos peces gordos. No es cierto que casi la mitad de la población vive bajo el umbral de la pobreza. Tampoco que hay 6 veces más pobreza entre los negros que entre los blancos. ¿Y los 50 asesinatos al día? Eso sí es verdad, pero se asesinan a 25 blancos y a 25 negros, y si algún día han muerto 27 negros y 23 blancos, el gobierno asesina cuatro blancos más en aras de la equidad mandeliana. Y durante el Mundial de Fútbol, no se puso en marcha una segregación social que alejó a los pobres hacia las afueras, lejos de las zonas turísticas, los hoteles y los estadios de fútbol. Bueno, tal vez sí se hizo un poco. Pero era por el bien de los pobres, que pidieron vivir en unas dignas cajas de zapatos de hojalata. No fue para preservar la buena imagen del país. SuperManDela no lo habría permitido.

Tal vez SuperManDela apuntaba el camino a seguir y todo quisque se quedaba embobado mirando su dedo en vez del camino. Mandela, harto de apuntar con su dedo deslumbrante, se cansó y terminó sumándose a la gran fiesta del despiporre internacional en la que él era Dios. Premios, invitaciones de casas reales, homenajes, mujeres exuberantes dispuestas a todo con tal de contentar a la leyenda... y venga sonrisas y más sonrisas. Ahh, perdón, que Mandela no follaba, sólo salpicaba a todo el mundo con su amor, sobre todo a las feas.

SuperManDela no es un mito más para el populacho y el ciudadano de bien. El ser humano no ansía fabricar héroes a los que venerar y en quienes delegar la fastidiosa tarea de arreglar el mundo. SuperManDela trasciende todo eso y le da mil vueltas al planeta Tierra si es necesario.

SuperManDela, qué grande.