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"Sería tarde ahora para descubrir a El agente naranja a algo más del público que siempre ha tenido en cuenta a los valencianos (una banda que ha apostado por la intensidad dentro del rock). Quizá algunos se acuerden de aquel "Positiva" de 2003 que, a pesar de todo, les situó en boca de más de los que ahora se acordarán de aquello. Poco importa quizá, grupo nuevo o curtido, para lo que El Agente Naranja intenta plasmar en este tercer disco largo. Diez canciones para diez estados de ánimo, aseguran ellos. Emotividad al cubo, podría añadirse, aunque eso sí está en su ADN. Con títulos de diván como "Vamos", "Euforia", "Charla", "Transición", "Latente" (paso de poner todos los títulos, pero el reseñista lo hace) .... no parece demasiado petulante dejar escrito en estas líneas un tracklist explícito en contenido, de trazas progresivas, experimentales y ambientales."

(Crítica de Mondosonoro por Ignacio Pato)

Vamos a analizar el texto, queridos ñiños, o mejor dicho, vamos a hacer una crítica de la crítica:

Sería tarde ahora para descubrir a El agente naranja a algo más del público que siempre ha tenido en cuenta a los valencianos (una banda que ha apostado por la intensidad dentro del rock).

Sería tarde porque nunca han pagado anuncios en la revista y no estamos dispuestos a difundir su disco, por muy bueno que sea. 'Intensidad', qué palabra más abstracta y misteriosa, a ver qué quiere decir. Sigamos leyendo.

Quizá algunos se acuerden de aquel "Positiva" de 2003 que, a pesar de todo, les situó en boca de más de los que ahora se acordarán de aquello.

¿A pesar de todo? ¿A pesar de qué? ¿A pesar de que era una mierda? ¿A pesar de que no tuvieron éxito comercial y no pagaron su anuncio en la revista como Dios manda? ¿A pesar de que no actuaron en un festival para borregos pastilleros y borrachos? ¿Estás insinuando que tienen muy pocos seguidores o que éstos fueron efímeros debido a una locura transitoria? ¿Ese va a ser el argumento para valorar un disco? Deberías ser algo más explícito.

Poco importa quizá, grupo nuevo o curtido, para lo que El Agente Naranja intenta plasmar en este tercer disco largo.

Cierto, poco importa cualquier cosa cuando no generas dinero para nadie, cuando decides autoeditarte el disco, ¡puto grupo de desagradecidos! ¡gentuza! ¡egoístas!

Diez canciones para diez estados de ánimo, aseguran ellos. Emotividad al cubo, podría añadirse, aunque eso sí está en su ADN. Con títulos de diván como "Vamos", "Euforia", "Charla", "Transición", "Latente".... no parece demasiado petulante dejar escrito...

Precisamente estás siendo petulante con esta frase. Y no hay nada más petulante que la palabra 'petulante'. Bien, como no tengo ganas de escribir y ¡ni siquiera he escuchado el disco!, voy a copiar y pegar de la promo y vamos a poner los títulos de absolutamente todas las canciones para llegar antes al número de palabras acordado con el jefe.

...en estas líneas un tracklist explícito en contenido, de trazas progresivas, experimentales y ambientales.

Y una breve descripción técnica y pedante para justificar y terminar mi absurdo trabajo (o rabieta) nada o muy poco remunerado. Y le he cascado un 6 porque tenemos que darle un 6 a alguien y no podemos dárselo a quien paga sus anuncios. Tenemos que tener figurantes malos para que el personal se trague el resto de buenas críticas. El jefe me lo agradecerá. No hay ni una sola pega al disco, ni un solo comentario levemente negativo, y sin embargo, le casco un 6, que puede parecer un aprobado alto pero en realidad es como si fuera un cero, porque en la revista sólo se utilizan las notas 7 y 8 en el 95% de las críticas y jamás bajan del 6.

Puede gustarte o no un disco, toda crítica es algo subjetivo, pero por lo menos, explícanos por qué y ten un mínimo de respeto. Aparenta algo de ecuanimidad, un poco de profesionalidad, si es que puede ser profesional una crítica, algo también muy discutible. ¡Pero inténtalo al menos! ¡Guarda las apariencias! Y lo más importante: escucha el disco del que vas a hacer la reseña, por lo menos tres canciones.

Por regla general, en las críticas buenas hay más intereses ocultos que en el Telediario y en las críticas malas o ni fu ni fa lo que subyace es una ausencia total de intereses comerciales o personales. Es lo que pasa cuando una revista vive exclusivamente de los anunciantes. Al final los anunciantes son los que mandan, al igual que los lobbies o mafiosos legales en política.

Sin embargo, a pesar de que el texto rebase toda ineptitud, lo que me parece más grave de esa crítica es la actitud del redactor: prepotente, condescendiente y humillante. Parece que les esté haciendo un favor. Aquí llegan estos matados, voy a hablar de ellos aunque no sean dignos, porque alguien de arriba tenía un pequeño compromiso sin trascendencia y me lo ha endiñado a mí, pero como no son famosos ni están en ninguna discográfica importante, ni al de arriba ni a mí nos va suponer nada esta reseña, por tanto voy a desahogar todas mis rabias acumuladas durante la semana. Como no le puedo pegar a mi novia o esposa, que es ilegal y está mal visto, ni puedo quejarme de que el grupo de moda sea una mierda, voy a destrozar esta obra autoeditada. ¡No hay nada que temer!

¿Quién critica al crítico? ¿Quién vigila al vigilante? La impunidad del crítico es peor que la del dictador más sangriento. Hasta los jueces pueden ser juzgados y condenados. No así el crítico. Lo más repugnante, no obstante, es que alguien esté por encima de estos esclavos-dictadores y mercadee con ello, cree un negocio publicitario con apariencia de producto cultural y monte todo un entramado de tráfico de influencias. En el hipotético caso de que un crítico tenga libertad, deberían igualmente ilegalizar la profesión, pues, ¿qué hace que una persona esté capacitada para analizar y valorar algo tan volátil y personal como una obra de arte? La prensa musical es como los premios literarios, simple publicidad disfrazada de un análisis artístico legítimo, pues sin anunciantes no hay negocio ni dinero para el jefe y su cuadrilla.

Los críticos que adquieren cierta notoriedad y van de independientes, son como los sacerdotes, los políticos o los predicadores en general; creen estar en posesión de la verdad y van a utilizar su poder mediático para difundir su mensaje esnob, pues tendrán que ir siempre a contracorriente y sobre todo pondrán a caldo grupos pertenecientes a modas pasadas que ya no suponen un beneficio comercial para los medios. Dará igual el tipo de música que haga ahora ese grupo. Si ha pertenecido a una escena exitosa del pasado, el medio se vengará ahora que puede y se ensañará con el grupo. Un ejemplo son todos los grupos de la penosa etiqueta 'grunge' de los noventa. Todo lo que huele a 90 es tildado de basura por el esnob de turno, sin importar nada lo estrictamente musical. Claro, los grupos de esa época ya no están de moda y ya no son cabezas de cartel del festival que se anuncia en la revista. Por tanto, cuando no es por una influencia directa de la publicidad, el motor de todo medio, es por influencia directa del lado esnob (el ego y el ansia de distinción en términos exclusivamente psicológicos y darvinistas). Todo se reduce a intentar imponer un nuevo criterio y a satisfacer el ego, a sentirse poderoso sobre el resto. Y si encima te lucras con este fraude, mejor que mejor. Si se forran los videntes, los curanderos y los trileros, ¡¿por qué yo no?! La gente no tiene tiempo de probarlo todo, son el blanco perfecto para ser manipulados y dirigidos con notas, clasificaciones, listas de los mejores del año y opiniones de críticos 'respetables' que no dejan de ser opiniones, en el mejor de los casos.

Podría ser algo aislado. Un mal día lo puede tener cualquiera. Una revista puede equivocarse alguna vez. También puede ser la opinión de una persona concreta y no de la revista, pero resulta que el disco no está ni siquiera entre los 40 discos nacionales del año de Mondosonoro, pero es que, aunque hubieran elegido los 500 discos nacionales del año, no ponen el disco de 'El agente naranja' ni por error. Además, he visto tantos casos parecidos últimamente en la prensa musical que mis sospechas se han ido afianzando cada vez más. "¡Pues no leas revistas musicales, gilipollas!" Cierto. Si jamás leo reseñas literarias, ¿por qué no hago lo mismo con la música? Porque es un vicio que viene de lejos y cuesta desengancharse. Tal vez si escribo mis propias reseñas sea más fácil la desintoxicación. Bien, si yo tuviera que escribir una crítica y me limitara a plasmar lo que me ha trasmitido el disco, escribiría esto:

Marathon es, sin duda, el mejor disco de El Agente Naranja, y uno de los mejores discos que he escuchado en los últimos años. Con una voz tan dramática como inimitable, una producción exquisita y una inspiración compositiva fuera de lo común, Marathon nos invita a detener la marcha y mirar atrás para sumergirnos en nuestra memoria emocional: en nuestros dolores y tristezas acumuladas. Porque lo peor de un maratón es llegar el primero y ver que en la meta no hay nada y todo lo hemos dejado atrás. En el maratón de la vida no hay ganadores; todos perdemos al final. De ahí que el objetivo de esta loca carrera sea, en realidad, saborear el llanto y la amargura de cada tropiezo, hasta gastar el sentimiento y sentirnos liberados. Este disco te permite dar la vuelta, desandar el camino lentamente para detenerte en detalles espinosos que quizá pasaron desapercibidos. Estas diez canciones engrasan tus nervios y excitan aquellas regiones cerebrales olvidadas y anquilosadas. ¿Emocore, Indie, post-rock, metal? Ningún género en concreto y todos a la vez, o lo que es lo mismo: El Agente Naranja etiqueta negra.

Para mí, Marathon es el mejor disco nacional del año con mucha diferencia (y he escuchado casi todos los lanzamientos nacionales de este año en discográficas y un gran número de discos autoeditados), por si queda alguna duda. Sin intereses extra musicales ni amiguismos de por medio, pues no los conozco de nada aunque seguro que alguien piensa que son mis colegas de toda la vida. Puede ser un análisis muy pasional y tan sesgado como cualquiera, pero por lo menos, yo no hago negocio con ello, y en todo caso, beneficio al grupo y no le perjudico innecesariamente.

Lo peor no es que me falte razón, me haya equivocado y en realidad la prensa cultural sea ecuánime. Lo peor no es que el disco de El agente naranja pueda ser un mal disco. Lo peor es que no haya ninguna manera de cuestionar una crítica y la gente se la trague sin masticar como un Telediario más. Alguien me dirá que el problema es la gente que se deja manipular y no le faltará razón, pero eso no quita para poder escribir una crítica sobre la escasa ética periodística y los que se aprovechan de la mediocridad humana.

La dictadura capitalista no sólo es una cuestión de grandes banqueros, peces gordos de Wall Street y políticos sumisos. La dictadura del mercado inunda todos los estratos y ámbitos de nuestra vida.