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El monstruo tiene su corazoncito

La ternura que despierta un gato derrite la coraza de Iron Man o Terminator. Os contaré a continuación cómo les pongo nombres a mis gatos y cómo mutan y evolucionan para intentar expresar más dulzura, pues el nombre anterior empieza a perder el efecto. Es como la droga, cada vez necesitas una dosis mayor, un nombre más tierno.

El nombre 'de pila' de mi gata es Nana. Cuando la recogí de una protectora creían que era un macho y le habían puesto Nano, pero era una hembra. Para respetar su nombre, lo cambié por Nana, aunque sabía que no era muy original y quizá algo cursi. Sin embargo, por los efectos de la ternura, pronto comencé a llamarla Nanusa, después Ñuña (no me preguntéis de donde sale este nombre, misterio), después evolucionó a Ñuñusa, después Ñuñusa Asusa (con apellido y todo) y al final Susú. También la llamo a veces Cosucha. Otras veces, cuando hace algo peculiar o ingenioso, le digo todos los nombres seguidos, uno detrás de otro, para intentar expresar todo lo que suscita, pero es como si las palabras no fueran suficientes. Ñuñusa Asusa Cosucha Misusañusasu cachuchukusa...

Con mi gato Kowski, otro tanto. La evolución de su nombre fue: Kowskito, Kowskusu, Kowskunechek (relacionados con diminutivos polacos), Kuskus y Kuscurucho (cágate lorito).

Ahora ya sé por qué cuando los llamo con estos nombres no me hacen ni puto caso. Seguro que piensan: "Ñuñusa, Cosucha, Kuskurucho, vaya un gilipollas, qué tío más ñoño, no pienso responder a esos nombres tan pastelosos". Me pregunto cómo llamaba Bukowski a sus gatos. Seguro que, pese a su apariencia rocosa y burda y pese a su literatura sucia y macarra, le pasaba lo mismo, pero nunca se lo confesó a nadie ni lo escribió en ningún artículo o libro.

Simbiosis humano-gatuna.

Siempre que voy a mear piso la alfombrilla del baño y entonces mi gata viene corriendo para arañarla y afilarse las uñas aprovechando que la alfombrilla está sujeta por mis pies. No lo hace nunca sola porque entonces la alfombrilla se mueve. El beneficio que yo obtengo es la compañía; una meada en compañía siempre es más agradable. Y siempre que tiro de la cadena sale disparada hacia el armario donde está el pienso.

Juego del depredador amoroso

Cuando salgo de alguna habitación y Kowski está en el pasillo, a veces se pone a correr en dirección contraria para que lo persiga. Entonces le sigo el juego y me pongo a correr detrás de él dando fuertes pisadas para que corra todavía más rápido, toma la curva hacia el salón (a veces golpeando la puerta porque las patas de atrás derrapan y su culo gordo va en una dirección diferente a su cabeza) y cuando le alcanzo se tira al suelo y me hace la croqueta para que le acaricie la barriga. Otras veces se sube a la cabecera del sillón en un último sprint y entonces simulo que voy a cazarlo, hago gestos amenazantes con los brazos y las manos, como si fuera a estrangularlo, Kowski se pone a mirar de un lado a otro mis movimientos y entonces le agarro la cabeza y le doy un beso en la frente.

Es lo bueno que tiene que otros antes se encarguen de asesinar a otros seres vivos para convertirlos en pienso o triturarlos y meterlos en latas; luego te puedes dedicar sólo a jugar y hacer cosas agradables.

Dios

Dios creó al gato y desapareció. El resto de especies surgimos mediante una evolución acumulativa y chapucera.

Insobornable

El gato es el único ser libre e insobornable. Ya puedes reforzar a un gato con mil caricias cuando se te sienta encima que si un gato un día no quiere subirse a tus piernas, no se va a subir, aunque fuera el único lugar disponible en el universo y todo alrededor fuera un precipicio. El gato prefiere caer en el abismo antes que darte en el gusto cuando tú quieres. Durante tres noches seguidas decide dormir en tu cama, a tu lado, pero la cuarta noche, sin saber por qué, decide dormir en la otra punta de la casa. Tal vez no quiere que te encariñes demasiado. Por eso un gato nunca es utilizado en experimentos de psicología del aprendizaje y tampoco sirve de nada castigarlo (con un chorrazo de agua, por ejemplo) cada vez que arañe y destroce los sillones o se suba a la mesa de comer.

No hay caricias

Cuando voy a la cocina y se acerca Nana maullando para que le dé de comer pero me hago el remolón y no le doy, después me castiga sin caricias. Me acuesto en el sofá o en la cama, se acerca, se exhibe, pero cuando voy a acariciarla, me da la espalda, se hace la sueca y se marcha. Al poco tiempo vuelve y hace lo mismo para castigarme. Es igual a cuando una mujer se pone su lencería más sexy para dormir pero te castiga sin sexo porque la has desatendido en algo, has cometido algún error o simplemente se siente insatisfecha en algunas parcelas psicológicas pero no te dice nada porque tú tienes que adivinarlo. Otra de las cosas que hace para protestar es ponerse delante de la televisión, arañar algo prohibido o toquetear algún material que haga mucho ruido como una bolsa, un envoltorio de plástico o una caja de cartón, o morder cualquier cosa no comestible para que te llegue la indirecta de que tiene hambre.

Gaturbación

Cuando en alguna época de sequía femenina, en un momento de ausencia de la pareja o simplemente porque sí, he tenido ganas de masturbarme, pero uno de los dos gatos se me ha acostado encima de la barriga o el bajo vientre, he empezado a acariciarlo, me he relajado totalmente y se me ha olvidado el impulso sexual anterior. Caricias, caricias y amor. Tal vez sea cierto eso de que el afecto es mucho más importante que el sexo. Deberíais probar la gaturbación en vez de daros tantas pajas.

A veces también me pongo a ver videos de gatos en Internet y Kowski o Nana se sube a mis muslos, se acuesta haciéndose una bola y mueve la cabeza contra mis manos en busca de caricias. Comienzo a acariciarlo con la mano izquierda y con la derecha sigo agarrando el ratón. Entonces me siento como si estuviera masturbándome mientras veo un video porno pero en versión gatuna, sólo con afecto y caricias. Cuando veo algo divertido, ingenioso o tierno en un video, entonces lo acaricio más fuertemente y le apretujo la cabeza con la mano.

Ver 'Mis gatos I'