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La mayoría de religiones contemplan una segunda forma de existencia después de la muerte. Algunas creen en la reencarnación constante en otros seres vivos o en otros seres humanos. A mí, en cambio, me aterra que la muerte no sea el final, por eso no llego a suicidarme nunca del todo.

La gente religiosa piensa que la segunda vida siempre será mejor que la primera, pero nunca se pregunta: ¿Y si es peor? Tal vez la vida actual sea unas vacaciones antes de algo realmente doloroso. Incluso puede que la Tierra sea el auténtico paraíso su lo comparas con otras existencias futuras.

Por eso entro en la iglesia más cercana, me siento en un rincón y, si no hay ninguna misa que me moleste, le rezo al silencio poniendo la mente en blanco. Después rezo porque no violéis mis oídos con plegarias martilleantes y órganos retumbantes. Y mis oraciones finales consisten en súplicas desesperadas para que no haya nada después de la muerte; rezo por el eterno vacío y la eterna calma sin ruidos. Rezo para que no exista la reencarnación, para que no existan otras vidas ni otras dimensiones paralelas. Rezo para que el universo tenga un final y no esté continuamente inmerso en un tira y afloja sin sentido, en un eterno construir y destruir, en un constante ciclo de expansión y contracción absurdo.

Creo o necesito creer en la nada infinita del más allá, en la ausencia más estática y sigilosa.

Como complemento, quiero dejar constancia en este blog de las instrucciones que debe seguir el personal sanitario y mis allegados una vez que fallezca físicamente, para erradicar cualquier rastro de energía espiritual.

1. La habitación donde muera debe ser totalmente hermética, sin ningún agujero o resquicio que comunique con el exterior. Atención a las rendijas de puertas y ventanas; selladlas con silicona.

2. Quiero que me corten la cabeza hasta desangrarme totalmente una vez que hayan certificado mi muerte.

3. Mi cuerpo debe ser triturado en una máquina de hacer hamburguesas e incinerado posteriormente al doble de grados de lo normal. Especial atención al cerebro: antes de ser triturado e incinerado, que lo corten en lonchas de medio milímetro.

4. Mis cenizas deben volver a ser incineradas y después sumergidas en ácido sulfúrico durante al menos 24 horas.

5. Los restos finales deben ser metidos en una caja fuerte del material de las cajas negras de los aviones o de resistencia superior, a prueba de cualquier cataclismo cósmico, y debe ser enterrada a doscientos metros de profundidad. Acto seguido, una riada de hormigón encima.

6. La habitación donde haya muerto debe ser desinfectada con amoniaco y lejía y repasada con un lanzallamas. Prestad una atención especial a junturas entre baldosas y rodapiés y otros resquicios.

7. Así mismo, todos los objetos que hubiera en dicho habitáculo, toda mi ropa y todos mis objetos personales, deben ser incinerados y sumergidos en ácido sulfúrico igualmente.

8. Contratar a un espiritista que intenté contactar conmigo para asegurarse de que no responde nadie. Si contesto, buscar a un exorcista o a los cazafantasmas para que intenten doblegarme y exterminarme por completo.