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Cuando hablo de dictablandas me refiero a actos y tradiciones socioculturales como las bodas, las despedidas de soltero, la navidad o el alcohol, entre otras muchas. Son de apariencia blanda, porque, a diferencia de las dictaduras, supuestamente todo el mundo puede elegir aunque en realidad nadie elija. Nadie va a la cárcel si no asiste a una boda, si no sale en nochevieja, si decide no beber alcohol en una discoteca, pero en realidad son las más implacables y opresivas de todas, porque aunque son blandas son más pegajosas que un cubo de resina líquida vertido en la cabeza.

Luchar contra Franco, Hitler o Merkel es muy loable y correcto socialmente, es un combate evidente y justo que poca gente pondrá en entredicho. Hacemos homenajes rebosantes de solemnidad y recitamos épicos panegíricos a los rebeldes y revolucionarios que se sublevaron contra los Malos Malísimos en las épocas políticas más convulsas. Pero, ¿quién se rebela contra la dictadura de las bodas, comuniones, regalos de navidad, nochevieja y nochebuena? Hasta el Che Guevara o Martin Luther King bebían alcohol en los baretos cuando no tenían ganas, iban a una macrodiscoteca infernal en nochevieja a estar 8 horas fingiendo e hincaban la rodilla ante todo tipo de excesos para acabar vomitando o se veían totalmente obligados a ir a una boda de un primo segundo que no habían visto en la vida y que se celebraba a doscientos kilómetros de distancia.

Alcohol. Pedirse un whisky con hielo o un chupito de tequila y tomárselo a palo seco de un trago es una muestra de virilidad, pero a ver quién tiene huevos a pedirse un zumo de melocotón cuando estás en un grupo y todo son 'vodka con naranja', 'ron con coca cola' y 'ginebra con seven up' y a ver quién es el macho que aguanta los posteriores 'venga, hombre, no seas muermo, que estamos de fiesta' y similares estacazos en el centro del alma. Y lo más difícil, digno de Rambo: a ver quién tiene cojones a decir que no quiere nada porque no tiene sed. Yo todavía no he sido capaz de llegar a ese nivel.

Yo tuve mi época de bebedor de alcohol. El alcohol es milagroso para los tímidos y los fóbicos sociales. Todas las novias que tuve en la adolescencia y juventud temprana fueron fruto de algún día de borrachera. Sin embargo, detestaba el acto de beber y me repugnaba el alcohol, me lo tragaba como si fuera una aspirina. A veces bebía vodka o whisky directamente de un botellín de plástico que llevaba en el bolsillo para no tener que estar sufriendo mucho tiempo y llegar pronto al punto deseado. Pero la desinhibición no sólo te hace sacar las cosas buenas que llevas dentro. A partir de un momento comencé a volverme destructivo, me lo pasaba bomba rompiendo objetos y mobiliario urbano, como cabinas de teléfono para vengarme de cuando Telefónica no te devolvía las monedas. Durante una temporada, al volver a casa tras la salida marchosa de turno, me dio por quitar los retrovisores de los coches y llegaba con los bolsillos llenos. Llegué a tener unos 50 espejos retrovisores en mi armario y recuerdo perfectamente como un día le quité un espejo retrovisor a un coche de policía que había aparcado en la puerta de Comisaría. Pero lo más reseñable y 'digno de elogio' fue lo siguiente: volvía borracho con un amigo y, al pasar por un puente sobre el río, me acerqué a una moto de pequeña cilindrada aparcada y pensé en todo el puto ruido de motos trucadas que llevaba sufriendo en Mordor desde siempre. La agarré y la arrastré, (no me preguntéis de dónde saqué tanta fuerza, cuando vas borracho todo es posible), la llevé hasta la valla del puente y la subí haciendo palanca y la tiré al agua. Mi amigo no daba crédito, pues no iba tan borracho. Me sacudí las manos, nos despedimos como si no hubiera pasado nada y cada uno a su casa. Espero que ya haya prescrito. Sin embargo, lo bueno acabó en unos pocos años, pues comenzó a sentarme mal el alcohol y a no generarme desinhibición, como si mi mente hubiera creado un mecanismo de defensa contra sus efectos. Y entonces dejé de beber porque nunca me había gustado el alcohol en sí mismo.

Y a partir de entonces la guerra de siempre cada vez que salgo:

–¿Qué queréis chicos? – dice el camarero.

–Yo un tequila con lima.

–Yo un Licor 43 con naranja.

–Yo un whisky con Red Bull.

–¿Y tú?

–Yo un vaso de leche calentita con colacao.

Miradas asesinas. Aprieto todos los músculos del cuerpo y trago saliva.

También llevo 10 años sin salir en nochevieja y reconozco que la primera vez que deserté me sentí muy extraño, incluso algo alicaído. Pero a la tercera vez me la sudó totalmente la nochevieja y pude ver el asunto con total cordura y objetividad. Qué descanso. No os podéis imaginar el placer que me produce no tener que gastar ni cinco segundos de mi tiempo en todas las decisiones que conlleva la nochevieja y la satisfacción de quedarse en casa sin tener que sufrir como todos los demás.

Bodas. Hay gente que se gasta 500 euros durante un mes porque le han coincidido tres bodas aunque no tiene ni para comer, y tiene que pedirle un préstamo a alguien e ir a Jesús Abandonado durante la semana. Yo no fui a la boda de mi mejor amigo y le dije la verdad, no le puse ninguna excusa ni me inventé ninguna historia de ciencia ficción. 'Odio las bodas, me parecen un espectáculo falso, ridículo y garrulo con afán recaudatorio, un despilfarro innecesario y no me gusta estar con gente que no conozco de nada'. Aunque no me hizo palmas por mi decisión y mis razones, seguimos siendo igual de amigos y nuestra relación no se vio afectada en modo alguno. Es bastante posible que no pase nada si no vais a una boda cuando os sentís totalmente comprometidos y presionados. ¿Por qué? Porque todo el jodido mundo odia las bodas, empezando por los que se casan, y por eso os entenderán perfectamente.

Las que mas sufren con las bodas son las mujeres, pues además de todo lo dicho, están OBLIGADAS A MUERTE a llevar un vestido totalmente nuevo, innovador y deslumbrante. Hay mujeres que creen que si repiten dos veces un vestido serán lapidadas en una plaza pública hasta que sus cabezas parezcan un balón desinflado. Tengo una amiga que estuvo arrastrándose por todos los centros comerciales y tiendas habidas y por haber durante cuatro días y no encontraba un vestido 'apropiado'. El viernes se decidió al fin por uno a última hora pero nada más salir de la tienda le dio un ataque de pánico con todos y cada uno de los síntomas señalados en el DSM V. Le aconsejé que enviara solo el vestido a la boda, que lo pusieran en su asiento y que ella se quedara en su casa ingiriendo una dosis de morfina para caballos cada 8 horas.