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La conciencia y la razón son efectos colaterales de la evolución al servicio del ego. No sabemos utilizarlas para otra cosa, nadie nos ha enseñado; ahí radica el gran fracaso del ser humano a todos los niveles. La educación psicológica, totalmente ausente en los colegios e institutos actuales, sería la que podría hacer cambiar la humanidad hasta cierto punto. Un primer paso para mejorar algo la humanidad sería que la Facultad de Psicología no estuviera a 500 kilómetros de la Facultad de Educación en todos los campus. Debería ser hora de que la educación fuera un poco más psicológica y menos enciclopédica.

La Educación se basa en la gran ilusión de Culturatriz, la dictadura cultural cuyo dogma máximo es que cuanto más conocimiento enciclopédico se tenga, mejor será la persona; más libre, más responsable, más competente, e incluso más ética. Pero en vez de enseñarles a los alumnos a pescar y a hacerse cargo de su propio destino, se les anula toda capacidad de iniciativa, aplastando su motivación, y se les deja caer encima varias toneladas de pescado informativo, una montonera caótica de datos de la que tienen que emerger como bien puedan para no quedar sumergidos y ahogados en el fracaso escolar, que además hará estragos en su autoestima y les provocará estrés y sufrimiento. Además, todo este esfuerzo por adaptarse al sistema y sobrevivir, es un esfuerzo en balde desde el punto de vista educativo, pues la mayoría de este contenido inútil acaba por pudrirse sin dejar la más mínima huella, por muchos sobresalientes y matriculas de honor que se les endosen. ¿Y sobre educación emocional, habilidades sociales, resolución de conflictos, sabiduría, desarrollo personal serio (no el de los curanderos new age de las psicorreligiones orientales)? Nada. Cero total.

Aunque soy bastante pesimista con el ser humano y no espero ninguna gran revolución psicológica, me sorprende que no haya ni una sola asignatura de psicología en colegios e institutos. La psicología como disciplina académica ya tiene unos añitos y la población ya no la ve como una 'cosa de locos'; la psicología clínica está más o menos integrada en la sociedad, se ve como algo más o menos normal y a las personas no se le caen los anillos por confesar que han ido o están yendo a un psicólogo. Un tercio, si no la mitad de las asignaturas en la educación obligatoria, deberían estar dedicadas al desarrollo psicológico saludable del individuo. Pero por no haber, si siquiera hay asignaturas en las que se enseñe al alumno estrategias de aprendizaje.

Ni siquiera en la carrera de Psicología se preocupan de que los alumnos estén más o menos preparados psicológicamente para la vida y su futuro trabajo, para que tengan una mínima salud mental, una conciencia más desarrollada o unas mínimas habilidades adaptativas. Craso error, pues para ayudar a otros, ya sea en una empresa, en una consulta, en un colegio, en una asociación u ONG, primero tienes que ser una persona sana y equilibrada.

Al contrario. Más que penetrar en la sociedad y hacerse respetar en las instituciones, más que conquistar la Facultad de Educación, la Psicología ha sufrido el proceso inverso, ha sido conquistada en parte por charlatanes con buena labia, enormemente complacientes y cuyos mensajes no han ido respaldados por el conocimiento científico ni de lejos. Muchos de estos intrusos provienen de la Facultad de Educación, a menudo a través del puente ficticio llamado Licenciatura en Pedagogía, basada casi siempre en métodos y teorías muy atractivas en apariencia, muy efectistas y biensonantes para los maestros, pero de espalda a la psicología, a la ciencia en general y sin un mínimo de comprobación rigurosa. Un ejemplo: hay métodos para aprender a leer súper exitosos y extendidos en la comunidad educativa que son totalmente disparatados y que van en contra del conocimiento científico al respecto, pero esto lo descubrí cuando estudié Psicología de la Lectura, y se quedó ahí, esa información tan importante nunca la he visto en otro contexto. Como los métodos para aprender a leer, hay otros muchos que parecen muy chulos y modernos, 'progres' algunos, y esto es lo que tiene éxito. Puedo decir que a menudo los niños aprenden a pesar de los maestros y no gracias a ellos, y que me parece un milagro de la Divina Providencia que no todos salgan de un colegio o un instituto convertidos en auténticos monstruos. Es muy posible que, al fin y al cabo, sí exista Dios.

Por otro lado, en la sociedad en general se le presta muchísima más atención a lo que pueda decir un gurú cultural, a menudo un escritor de renombre y estatus, cultísimo y con poder de seducción, pero ignorante total en todos los temas que trata, que a lo que pueda decir un psicólogo más o menos competente.

Soy consciente de que no es nada fácil que la psicología científica penetre en la sociedad, pues el simplismo, el efectismo, el autoengaño, los ilusionismos, la complacencia y las ideologías prefabricadas son muy atractivos para el ser humano y alimentan de manera perfecta su mediocre comodidad y el inmovilismo placentero, por eso siempre acaban triunfando. Pero, sin embargo, tengo la sensación de que la Psicología ha dado la batalla por perdida antes de empezar a luchar o que incluso nunca se ha planteado ir más a allá de la consulta privada o el aula de la carrera universitaria que, por cierto, a menudo deja bastante que desear y comete errores y adolece de los mismos vicios que cualquier otra carrera, aunque desde la propia psicología científica se demuestren como tales. No veo yo a muchos psicólogos haciendo ruido al respecto, parece como si se hubieran acomodado en su rincón y hubieran hincado la rodilla ante la Facultad de Educación, tan poderosa como ignorante, un fortín de Culturatriz (la dictadura cultural), tan blindado como la Iglesia o el sistema financiero.

Como anécdota de que la Psicología ni siquiera se toma en serio a sí misma, recuerdo que uno de los peores profesores que he tenido desde el punto de vista educativo, contando el colegio, el instituto y la carrera, pues era un auténtico caos de fotocopias desordenadas, de oratoria gris, atropellada, que no generaba ningún interés ni motivación por la asignatura en los alumnos, fue el profesor de Psicología de la Educación. ¿Puede haber un ejemplo más claro y brutal de lo que trato de decir? También tuve algún que otro loco de atar, pero loco de 'Alguien voló sobre el nido del cuco', o un vinagres con ataques de ira y egocéntrico que además usaba todas sus clases para decir sus opiniones sobre todos los temas habidos y por haber, en plan columna de opinión, y que luego nos dejaba en Fotocopiadora un taco de folios llenos de erratas, errores gramaticales y lenguaje farragoso y ajeno a todas sus 'clases magistrales' que teníamos que intentar descifrar lingüísticamente antes que cualquier otra cosa. Tuve también otros grandísimos profesores, por supuesto, pero no gracias a la Psicología, sino gracias a Dios, como suele decirse. Siempre me sorprendió que en la carrera de Psicología pudiera haber perturbados mentales, psicópatas, egocéntricos narcisistas o pedagogos desastrosos.

Respecto a los alumnos, un día me encontré en una plaza de Mordor a una chica de la carrera que iba haciendo proselitismo invasivo para una religión tipo Testigos de Jehová o algún grupo escindido del escindido del escindido. Da igual, aunque fuera de la Iglesia Católica Apostólica Romana, la secta principal. O estamos a se(c)tas o estamos a rolex. No se puede tener un pie en la psicología y otro en una religión fanática. En otra ocasión conocí a una alumna que era una excelencia académica, todo matrículas de honor. Sufrí la desgracia de compartir un viaje con ella y convivir unos días. Resultó ser de las personas más desagradables e insoportables que he conocido en mi vida. Era racista, tenía ideas de ultraderecha, egoísta, hiriente y no paraba de quejarse por todo. Para más inri, cada dos por tres se tomaba un ansiolítico para caballos para soportarse a sí misma. ¿Una persona así iba a trabajar en las mejores consultas, hospitales, empresas o colegios gracias a su brillante expediente y sus inmejorables calificaciones? Me daba pánico sólo de pensarlo.

Me pregunto si algún día la Psicología con mayúsculas será respetada incluso por ella misma, si veremos en alguna tertulia televisiva de máxima audiencia algún psicólogo entre los invitados, si veremos algún movimiento político con base psicológica, o algún psicólogo como político o incluso como gobernante. ¿Y un presidente del gobierno psicólogo? Tal vez algún día la Psicología deje de ser el último mono.