Llego a un programa literario de un canal de televisión, con nervios y cargado de mis mejores intenciones, y un escritor viejo y frustrado me llama "gilipollas" dos veces sin venir a cuento. Todos llevamos una verdulera dentro y la mala educación y la bocaza grande la tiene hasta el más erudito de los intelectuales. Todos. No pretendo ponerme por encima de nadie. Faltó una chispa para que nos liáramos a puñetazos, pero me contuve por miedo a que, por culpa de un mal golpe o una mala caída, se desnucara y su libro se convirtiera en un fenómeno editorial póstumo.

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(Si quieres leer el texto completo, 'Me arrepiento del mañana', de venta en la web)

20120520 blog