mujeres

En una catástrofe.

En un accidente aéreo. Te quitarás la máscara y me mostrarás tu bella fragilidad humana, sobretodo si somos los dos únicos supervivientes.

Sin tu orgullo.

Sin tu personaje inventado.

Resultarás agradable cuando lo hayas perdido todo.

Detesto el sujetador de hormigón que constriñe tu cerebro. Me gustaría conocer a una femme fatale en una situación extrema. Me gustaría conocer a la persona que se esconde tras esa diva engreída y soberbia.

Encerrados en el ascensor toda la noche de un sábado de agosto tras un apagón.

Sin espacio para contoneos, falsas insinuaciones o miradas al infinito.

Agarrados a un tronco en un tsunami. ¿Qué tal? ¿Cómo te llamas? Me gustas sin maquillaje y con el pelo revuelto. Como recién despertada. Ni siquiera puedes mesarte los cabellos.

Con el autobús volcado has caído encima mía. Las gafas DG hechas añicos. Tu armadura aprendida se ha hecho trizas tras el impacto. Eres tú misma al borde de la muerte. Siento tu respiración acelerada en mi pecho. No eres un maniquí.

En un secuestro de avión. No vas a quedar como "chica fácil" si me miras a la cara. Dame incluso tu teléfono y yo te doy el mío, y que no te importe llamarme, mientras nos apunta el secuestrador en la cabeza y nos grita que no cuchicheemos.

En un atentado. Acaba de explotar una bomba. Dame un abrazo, ¿cómo te llamas? Eres encantadora cuando eres una persona. Siempre y cuando ella esté entera. No me vayas a endiñar a una coja ni a una manca.

En un seísmo de ocho grados en la escala de Richter. Que no te importe ser agradable por si me creo expectativas, que no te importe ser agradable y hasta sencilla o humilde con el edificio apunto de desplomarse.

En un atraco mientras nos apuntan los atracadores en la cabeza. Frente a frente, maniatados por parejas, que no te de pudor mirarme a los ojos.

En un zulo secuestrados tarde o temprano me mirarás a la cara, e incluso me abrazarás después de tu ataque de pánico por tu claustrofobia no diagnosticada.

En plena guerra tras un bombardeo. Con el disfraz hecho jirones y los ojos brillando e irradiando tu intimidad sobre tu cara ennegrecida por el hollín. Andando con utilidad para no caerte y sin engreimiento de pasarela de moda. La pasarela está a punto de venirse abajo. Corre. Quítate los zapatos de tacón y corre. Y no te sueltes de mi mano.

En un naufragio te sacaré del agua y te haré el boca a boca en el bote salvavidas. Habiéndonos quitado el pudor del primer beso, tendremos una comunicación más fluida y espontánea. No tendré que esperar tu llamada. No tendré que ignorarte para que me hagas caso. Hasta que nos encuentren tenemos todo el tiempo del mundo para conocernos en medio del océano. Sin planes ni trucos. Y no te pavonees mucho que esto se vuelca.

En un incendio. Háblame de ti. Puedes llevar el peso de la conversación. Toma esta toalla mojada. Puedes preguntarme lo que quieras. Quitémonos la ropa. La piel es menos ignífuga. Y puedes estar tranquila. Cuando el exterior está ardiendo, el cuerpo no se enciende ni los órganos se tensan. La supervivencia anula los demás impulsos. No tenemos ni sexo ni género. Sólo dos mentes aterradas sin coraza. Siento como si te conociera de toda la vida. Bueno dime, ¿a qué te dedicas? Desnudos y se nos han olvidado los complejos de nuestros cuerpos imperfectos. Sí, yo también pienso lo mismo. Me inspiras confianza con el edificio en llamas. Si nos quemamos o nos falta el aire, no tengas pudor en pedirme saltar contigo al vacío. Tenemos bastantes cosas en común. Los dos preferimos no morir achicharrados.

En un terremoto bajaremos la escalera de la mano sin indirectas indescifrables ni jugueteos recalcitrantes.

Cuando estás aterrorizada estás preciosa.

(Extracto de 'Tengo una pistola')

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