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Me arrepiento del mañana

sexo 8

Suena la música del programa, suenan fuertes aplausos y un largo travelling aéreo sobrevuela las cabezas del público hasta llegar hasta la presentadora, de pie, segura de sí misma y con una sonrisa descomunal. Comienza a hablar:

–Lamer una vagina con el periodo no es repugnante. El periodo es algo natural de lo que no hay que avergonzarse. Y si uno siente el deseo de hacer un cunilingus a su pareja pero ésta tiene la menstruación, ¿por qué esperar? No hay por qué aplazar el placer y no hay por qué sentirse culpable... ¿Por qué? – la presentadora gira la cabeza hacia el público y ofrece su micrófono –. Porque...:

–¡EL SEXO ES NATURAL! – grita a coro el público la consigna del programa. – La menstruación es algo natural. La sangre es un líquido natural generado por la madre naturaleza.

Aplausos.

–Damos paso a nuestro compañero Dani SuperX, nuestro reportero más intrépido. En vivo y en directo desde alguna calle del país:

–Sí. Hola Lorena. Aquí en directo para 'El sexo es natural'. Hemos parado a una mujer que ha aceptado contestarnos unas preguntas. ¿Cómo se llama?

–Ascensión.

–Ascensión, encantado. Y esta bella muchacha que hay a su lado es...

–Mi hija.

– ¿Cómo te llamas, preciosa?

–Lurditas.

–¿Cuántos años tienes?

–Catorce.

–Ascensión, ¿qué opina de la sexualidad de su hija?

–Pues qué voy a opinar, que es muy joven todavía, pero espero que dentro de unos años conozca a un joven decente y apuesto y tenga muchos hijos.

–Ya, pero la sexualidad ya no es para tener hijos, señora. No le hablo de que un hombre introduzca su pene en la vagina de su niña y eyacule esperma periódicamente. Estamos hablando de que a su hija la penetren por el ano y la vagina a la vez, de que cinco chicos eyaculen su esencia en su boca y se lo trague, estamos hablando de que su hija haga una felación a un extraño y luego embadurne oralmente con esperma la vagina de la compañera o de que lo guarde en su boca para jugar y restregárselo como si fuera blandiblú, o para pasárselo a la compañera de orgía con un beso y ésta se lo devuelva ad infinitum cada vez más ensalivado.

–De eso ni hablar. Mi hija no hará esas guarradas. ¿Cómo puede hablar en esos términos delante de mi hija?

–Puedo hablar en estos términos porque... – dice girándose a la cámara y ofreciendo el micro al público del plató.

–EL SEXO ES NATURAL.

La presentadora continúa:

–Un homosexual introduce su pene en el ano de otro hombre. Embadurna su miembro de lubricante diarreico, choca con un excremento y rompe algunos pequeños vasos sanguíneos. Un homosexual no tiene por qué sentirse culpable, ni sentirse sucio porque en su ano se mezclen semen, heces y sangre, porque...:

–EL SEXO ES NATURAL.

–Queridos televidentes, pasamos ahora a la sección de:

–TESTIMONIOS – anuncia una voz pregrabada grave y penetrante.

La presentadora se sienta en un sillón. En un sofá aledaño hay personas dispuestas a contar sus experiencias.

–Hola. Me llamo María José. El 24 de diciembre estábamos toda la familia celebrando la nochebuena. Después de la cena nos pusimos con los dulces, los villancicos y la sidra. Entonces les pedí a todos un momento de atención, dejaron las panderetas y se callaron. Todos estaban expectantes por el anuncio. "Miguelito, ¿qué les vas a enseñar a todos?" Mi Miguelito se abrió entre la gente, se puso en el centro, se bajó los pantalones y comenzó a retraer y estirar el pellejo de su pequeño pene rosado, que fue endureciéndose poco a poco. Todo el mundo estaba entusiasmado y animaba a mi Miguelito a llegar al final. Sobre todo sus abuelos. A los pocos minutos estallamos de júbilo cuando vimos como salían despedidos tres o cuatro chorritos de esperma a toda velocidad. Todo eran felicitaciones, achuchones y enhorabuenas, pero sus abuelos fueron, de lejos, los más emocionados. Nuestro Miguelito ya es todo un hombretón.

–Muy interesante y pedagógica tu historia, María José. No nos escandaliza porque...

–EL SEXO ES NATURAL.

–Hola. Me llamo Monseñor Bautista. Una tarde estábamos llevando a cabo un coito mi mujer y yo y entró en nuestro dormitorio nuestro hijo Luisito que acababa de llegar del colegio con su hermano mayor. Nunca hemos cerrado la puerta con pestillo. No tenemos nada que esconder y siempre hemos querido que nuestros hijos perciban la sexualidad con naturalidad y normalidad. No hay por qué avergonzarse de nada. "Hola papi", dijo nuestro hijo. Paré de embestir a mi mujer y le dije: "Dale dos besos a tu madre, hijo." Luisito, con la cartera del colegio en su espalda y un dibujo en la mano, rodeó la cama y le dio dos besos a su madre que, por cierto, no es por dármelas de amante extraordinario, jadeaba compulsivamente como si estuviera pariendo. Salió del dormitorio, fue a su habitación a dejar la mochila y volvió al cabo de un rato. Se quitó los zapatos, pues sabe perfectamente que hay que quitarse los zapatos antes de subirse en el sofá o la cama, y se montó a horcajadas sobre mi espalda, rodeando mi cuello con sus brazos. "¿Estás preparado, hijo?". Comencé a embestir violentamente la cadera de mi esposa, que me rodeó el trasero con sus piernas. A cada embestida, el cuerpo de mi Luisito volaba y no salía despedido porque estaba agarrado a mi cuello. Luisito carcajeaba por la emoción del peligro de no caerse. "¡Más fuerte papá!", gritaba eufórico. Entonces se bajaba, se recostaba boca abajo y se acodaba en la cama muy cerca de nuestras caderas, para ver con fascinación cómo el pene entraba y salía. Ya saben cómo son los niños. Para ellos el sexo es algo nuevo y sienten curiosidad por todo. Su madre empezó a gritar de placer y el niño se asustó, se abrazó al cuello de su madre y se enfadó conmigo: "¡Bestia! ¡Le estás haciendo daño a mamá!".  "No, cariño, no me hace daaaa...  no me hace daaahhh. Es algo bueno, es algo normaaaaaaaal. Tu papá me quiere y así naaaaaaaaaciste tú." "¡Mentira, te hace daño!". Entonces comencé a eyacular una riada de esperma espeso y caliente y grité como un energúmeno. Luisito se asustó más y se escondió debajo de la cama. "No tengas miedo, Luisito. No es nada malo. ¿Quieres ver lo que me ha salido del pene?" le pregunté para transformar su miedo en curiosidad. Luisito, cauteloso, asomó la cabeza y gateó hasta posar su mirada inocente sobre el bello púbico de su madre. "¡Quiero verlo Papi! ¡Quiero ver el semen!". Metí los dedos, abrí el conducto vaginal y saqué un grumo de semen del que colgaba una liana como si fuera un chicle. "¡Yo quiero también echar semen como papá!" "Cuando seas mayor hijo. Para eso tienes que comer mucho y hacerte grande. Mira. Esto es lo que eras hace 6 años", le dije mostrándole un poco de esencia vital. "¡Yo no veo nada!" "Este líquido espeso y blancuzco contiene bichitos muy pequeños. Tú eras un bichito en ese líquido." "¿Sí? ¿Y no me ahogué?" "No, porque tenias cola, sabías nadar y eras el más habilidoso. Ganaste a todos los demás contrincantes." "¿¿SÍ,?? ¿A QUIENES?" "A todos tus hermanos". "¿Y qué les pasó a los hermanos?". "Están muertos".

–Un aplauso para Monseñor. Tremendamente paradigmática tu manera de mostrar la sexualidad a tus descendientes. Aquí no nos escandaliza tu historia porque...

–EL SEXO ES NATURAL.

–Si la historia no acaba ahí. Otro día nos pilló practicando sexo oral. Entró justo cuando eyaculaba en la boca de mi mujer y parte del esperma se desbordó por sus labios. "¡Se ha tragado a los hermanos!", dijo Luisito a voz en grito. Nos reímos mucho. Tiene cada caída.

–No nos asusta nada de lo que nos cuentes aunque estuvieras hablando una semana porque...

–EL SEXO ES NATURAL.

–Y esto es todo por hoy. La próxima semana, especial adolescentes, más historias y testimonios sobre la naturalidad del sexo anal y el sexo en grupo en la pubertad.

Aparecen los créditos.

 

(Artículo incluido en el libro 'Me arrepiento del mañana', de venta en la web)

Por Enrique Rubio

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