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Me arrepiento del mañana

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La inteligencia surgió de la violencia y la depredación. Los anímales herbívoros son pacíficos pero tontos; el conejo, la vaca, el ñu.

Bueno, ciertos hervíboros machos son violentos entre ellos en las épocas de apareamiento, pero son peleas consentidas que no requieren planificación ni estrategias, que se basan en la fuerza bruta y la intimidación y que no desarrollan la inteligencia. Cuando hablo de violencia, por tanto, me refiero a la violencia depredadora. Gracias a ese pasado de extrema violencia, mi gato Kowski sabe cómo abrir el armario del pienso y como abrir la puerta del piso dando grandes saltos y quedándose enganchado a la manivela o sabe utilizar su pata con uñas afiladas como si fuera un tenedor para pinchar un trozo de jamón york cuando se lo pongo en su cuenco. Él prefiere comerlo en el suelo. Por tanto, mostremos un poco de respeto por la violencia. La inteligencia y el ser humano han surgido gracias al  desarrollo de los animales carnívoros. Por eso un tigre, un león o un gato es mucho más inteligente y tiene mucha mas habilidad sensoriomotriz y agudeza visual que un conejo. Para comer hierbajos y raíces no tienes que llevar a cabo ningún plan estratégico ni tienes que tener buena vista. No hubiéramos llegado a tener este cabezón con alma, ni esta conciencia superior, ni hubiera existido Gandhi o John Lennon de no ser por una larga trayectoria evolutiva de violencia y asesinato. No podría escribir esto ni tendría la capacidad para leer el libro que sostengo en la foto de no ser por la fiereza de animales como mi gato. Gracias a que mi gato quiere comerse el libro, yo puedo leerlo.

Igual pasa con el desarrollo tecnológico. A menudo se hacen chistes sobre la dudosa o paradójica 'inteligencia militar' cuando en realidad la tecnología ha avanzado casi exclusivamente gracias a la guerra. No tendríamos ordenadores, ni Internet, ni energía nuclear si hubiera reinado la paz en el mundo. No hay mayor motivación para innovar que aniquilar al enemigo. Oremos por la violencia y guardemos un minuto de extremo ruido en su honor.

Dicho esto, podemos ser pacíficos ahora, no es necesario que nos esforcemos en ser más violentos de lo que ya somos. Podemos usar esta conciencia para conseguir satisfacer nuestras necesidades de forma menos hosca (nuestra salud psicológica nos lo agradecerá), pero sin olvidar nuestras raíces y nuestro pasado compartido. Así entenderemos y aceptaremos las injusticias y las masacres de alrededor y no nos  escandalizarnos ni montaremos un drama cuando el vecino nos apuñale por la espalda.

Por Enrique Rubio

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