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Me arrepiento del mañana

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La película Super 8 (J.J. Abrams) parece una Scary Movie de las películas de Spielberg y de las películas de los ochenta que marcaron a mi generación. Menudo revoltijo. Todo metido con calzador y a presión: Los Goonies, E.T., Encuentros en la tercera fase y hasta La guerra de los mundos (esta última de este siglo, aunque excepcionalmente buena) en la batidora. Pero el mejunje no se disuelve ni con ácido sulfúrico. El Todo es menos que la suma de las partes; bastante menos. Todo son grumos indigestos. A la salida del cine, sigues sin asimilarla y te salen los tropezones por la nariz y por las orejas. Demasiadas películas juntas casi siempre producen un potingue intragable.

Creo que una cosa es tener influencias y otra coger cosas literalmente de otras películas y hacer un tutti frutti. Por ejemplo, La guerra de los mundos, tendrá innumerables influencias, pero es compacta, natural, fluida, coherente internamente, y mucho menos boba y pastelera que Super 8. En La guerra de los mundos, el conflicto del padre divorciado con sus hijos en medio de una catástrofe está retratado magistralmente. Hay algo verdaderamente actual en esa película: la desintegración familiar y la incomunicación entre padres e hijos. Es una historia sencilla, clara, tajante y en absoluto cursi, y retrata al ser humano como nuestro mayor enemigo; mucho peor que cualquier alien.

Por otro lado, no se puede hacer un homenaje a esas películas y meter ese accidente de tren tan estrambótico, exagerado y artificial propio del siglo XXI. No se puede meter una guerra de efectos especiales tan excesiva y estruendosa en un nostálgico barrio de los ochenta. No se puede meter un extraterrestre tan esperpéntico y brutal como ese y pretender encima que sientas empatía con la criatura.

Los diálogos son tan ñoños y falsos que empachan. No hay ni una pizca de humor, de acidez, de gamberrismo; todo política, religiosa y socialmente correctísimo. Como si Benedicto XVI fuera el productor y Sarah Palin la coproductora. Lo más arriesgado es un beso en la mejilla y un apretón de manos al final. En Los Goonies el niño protagonista recibe un buen morreo de la novia de su hermano por error en una cueva. En Los Goonies hay una escena en donde Bocazas "traduce" a su aire lo que la madre de Mickey le dice a la criada italiana, con todo tipo de referencias a las drogas y al sexo bruto. Eso lo hacen ahora y se les echan encima tres mil comités de defensa de la infancia. No digo que haya que meter en una película de aventuras y fantasía la realidad tal cual: adolescentes embarazadas abortando, sexo en grupo, drogas duras o violencia juvenil extrema, pero echo en falta esa frescura, esa mordacidad y desenfado de las películas ochenteras. En Los Goonies hay humor negro, hay suciedad, hay chispa, hay vida. El final de Super 8 es una ñoñería tan sensiblera que, por lo menos, si te lo tomas con humor, puede resultar toda una experiencia cómica.

Super 8 es una película para aquellos adultos que fuimos niños en los ochenta pero que, según el señor J.J. Abrams, no padecimos un estancamiento madurativo a partir de entonces, sino un retroceso mental profundo. Habría que preguntarle a un "niño" de 10 años de hoy qué le parece la película desde su mirada sin contaminar por el pasado. Pero algo me dice que Super 8 no va a ser una película de su generación como lo fue Los Goonies para la nuestra. Es más, la intuición me dice que si esta película se la pones a un niño de 10 años de hoy, una de dos: o mira a sus mayores con una ceja levantada cargada de escepticismo o se saca una pistola y hace una matanza que ni Columbine.

Eso sí. Si te la tomas a broma y empiezas a despotricar con el compañero, Super 8 es la leche, aunque corres el riego de que te echen del cine.

Super 8 hace que ET, Regreso al futuro o Los Goonies sean todavía mejores. Irrepetibles. Los ochenta nunca volverán. Quizá sea un error querer volver al pasado con los esquemas y las costumbres del presente. No hay actualización que pueda resultar natural, a no ser que la haga Spielberg, que no está por la labor y sólo se dedica a amasar dinero. Super 8 es una forma de querer volver al pasado de forma futurista; un viaje imposible.

Hollywood se ha convertido en una fábrica de remakes. El siglo XXI no tiene personalidad ni alma. Se basa en remezclar productos que tuvieron éxito en el pasado con ingredientes actuales. El resultado son mejunjes grotescos y escandalosos que chirrían hasta que los piños se te hacen añicos a causa de la dentera. Eso o que los de mi generación ya somos abueletes nostálgicos que pensamos que todo lo pasado fue mejor.

Enrique Rubio

Por Enrique Rubio

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