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Me arrepiento del mañana

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Conservamos unos vestigios primitivos y poco estéticos que nos avergüenza exhibir en público: defecar, orinar, masticar, eructar, tirarse pedos o follar para reproducirse, introduciendo un apéndice en carne viva dentro de una tripa encharcada. También llevamos en nuestro diseño instrucciones contradictorias como "forma una familia monógama" y "fóllate a todas las mujeres guapas que puedas".

A mí, por ejemplo, me gustaría alimentarme por fotosíntesis para no tener que babear un trozo de pan para convertirlo en vómito con toda clase de ácidos gástricos nauseabundos. Para que el alimento no tenga que recorrer una longaniza sanguinolenta de 8 metros enrollada en tu barriga de cualquier manera hasta convertirse en un excremento asqueroso. Además, sería un diseño más acorde con la era de la energía solar y la sostenibilidad.

El pelo de las piernas y el pecho, el apéndice, la vagina con un micropene llamado clítoris, que no sirve para nada y es ineficaz para producir el dichoso orgasmo femenino (orgasmo que por otro lado es irrelevante en términos evolutivos). Todo es una gran chapuza. El ser humano está diseñado para producir infelicidad en cantidades industriales y para generar quebraderos de cabeza continuos. Bebés con cabezones gigantes que no caben por el canal del parto; bebés que tardan 6 o 7 años en atarse las cordoneras, bebés que se transforman en ancianos torpes e inútiles en unos pocos años y a los cuales se les olvida cómo atarse las cordoneras.

La evolución no diseña siguiendo un plan inteligente, la evolución no tiene voluntad ni propósito. La evolución es ciega, sólo mira el día a día, no tiene planes de futuro ni conocimientos de ergonomía o estética. Así sólo puede salir un engendro desastroso. La evolución es acumulativa; muchos de los rasgos que ya no sirven no se borran. Las nuevas modificaciones se producen sobre el diseño anterior. Cualquier cambio depende de todo lo anterior. Por tanto nunca se puede crear algo realmente nuevo y eficaz, sino algo condicionado a todo un cúmulo de errores pasados. Por eso el ser humano, el ser "más evolucionado", es tan contradictorio y conflictivo, porque tenemos programas de diferentes épocas chocando entre sí. Monogamia y poligamia, moralidad e instinto depredador y asesino, facultades superiores, pensamiento abstracto y unas ganas de montar y ser montado que ni los conejos. Un instinto al que no le importa nuestra felicidad y bienestar, si no sólo fornicar a gran escala, duplicar genes y esparcirlos sin control.

Nacemos. Nuestra piel envuelve todos los errores e incoherencias del pasado. Nos hacen un nudo para que no tengamos escapatoria, y a circular. Y sobrevolando todo ese montón de errores e incoherencias tenemos una conciencia que solo sirve para darnos cuenta de nuestra incapacidad, nuestro fracaso, nuestro sufrimiento y nuestra pronta muerte; una conciencia que no puede hacer nada y sólo se dedica a observar como una simple ventana. Tenemos la capacidad de idealizar, de pensar en los valores morales más nobles pero el inconsciente siempre usa atajos y heurísticos para saltarse las reglas. El inconsciente y la conciencia rara vez piensan lo mismo. Estamos diseñados para la hipocresía. No hay ser más chapucero que el ser humano.

 

(Artículo incluido en el libro 'Me arrepiento del mañana', de venta en la web)

Por Enrique Rubio

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