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Me arrepiento del mañana

bozal

Unos dicen que soy muy salvaje, otros que me paso en el tono. Creen que no me contengo, que escribo lo primero que me viene a la cabeza proveniente de mi bilis negra, que soy una bestia sin civilizar, pero en realidad, cuando me siento a teclear un artículo me pongo el bozal de mi perro y una camisa de fuerza para no romper el teclado. Lo que escribo surge de la más severa contención y del más disciplinado comedimiento. El médico me ha dicho que corro grave riesgo de sufrir una úlcera.

Siempre empiezo todos los artículos con la frase "me cago en todos vuestros muertos" y cuando termino el artículo subo con el cursor y la borro a regañadientes. También voy intercalando frases en las que deseo el peor de los dolores al futuro lector  o aderezo el texto con graves amenazas a un destinatario borroso sin nombre ni apellido. Cuando paso a hacer la revisión y corrección del texto, acabo borrándolas porque no se corresponden con el tema en cuestión.

Tengo un artículo en concreto que siempre va cambiando a medida que lo reviso hasta que desaparece por completo el original. Días después, cuando comienzo uno nuevo, me vuelve a salir el artículo original; el articulo continuamente inédito. Y una y otra vez vuelve a desaparecer cuando lo pulo. Es algo parecido a cuando coges un puñado de cianuro líquido con la mano y se te escurre entre los dedos. Y vuelves a coger otro puñado. El artículo en cuestión consiste en una retahíla de insultos y blasfemias gratuitos y sin argumentación. Al principio siento que es, sin duda, mi nuevo artículo; el más sincero y directo de todos. Y entonces me pongo a cambiar cada insulto por alguna frase que tenga algún ingenio y me queda bien bonito aunque totalmente artificial. Después, cuando me leo en el periódico o el blog, no me reconozco en la suavidad y la corrección de mis palabras.

Metáforas, símiles, hipérboles, sinécdoques, hiperbatones, aliteraciones, onomatopeyas, sinonimias... Por más recursos que utilice, se me quedan cortos. Es como intentar cortar un filete con una pelota de tenis.

Sin embargo, no hay solución posible. Si me dedicara a la música, me faltarían notas; si me dedicara a la pintura, me faltarían colores; si me dedicara al cine, me faltarían ángulos y si me dedicara a la danza, me faltarían músculos. ¿Y el deporte? Si me dedicara al boxeo me faltarían asaltos y me sobrarían los guantes. Jack el Destripador, Charles Manson y Ted Bundy en seguida se toparon con esta barrera y se frustraron con las restricciones del lenguaje y el arte. Cogieron una pistola o un cuchillo, saltaron el muro de la inutilidad de la cultura y dejaron que la naturaleza se expresara en todo su esplendor.

Me gustaría poder escribir un día un grito en toda tu oreja; un artículo compuesto por 450 puñetazos; un artículo en el que cada línea fuera una víscera arrancada o un latigazo en tu espalda.

Maldigo la literatura y sus limitaciones.

 

(Artículo incluido en el libro 'Me arrepiento del mañana', de venta en la web)

Por Enrique Rubio

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