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Me arrepiento del mañana

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El aborto no debería ser un derecho sino un deber, una obligación esencial. Sólo deberían dejar dar a luz en algunos supuestos muy extremos, como que los padres supieran cómo educar a la pequeña bestia y no lo trajeran al mundo como el que adquiere un objeto de consumo más. La mayoría de padres expelen almas como si fueran una máquina de refrescos y consumen hijos al igual que consumen coches, televisiones o mascotas que dejan abandonadas en la calle cuando tienen que irse de vacaciones.

Sin embargo, los que consumen hijos, se muestran exaltados y encandilados con la novedad cuando éstos son pequeños y activan el instinto genético de la ternura delirante. Cuando un padre, una madre o ambos están con su hijo pequeño en público, se creen el centro del universo y sienten que todos estamos igual de entusiasmados que ellos por la dulzura y la gracia de su nueva recombinación genética. El pequeño simio sonrosado se acerca a todos los desconocidos que hay a su alrededor, aunque éstos no hayan establecido ningún contacto ocular previo. Les toca con sus manitas, les habla o balbucea, esperando su merecida respuesta, porque es el ombligo del mundo y todos deben admirarlo y piropearlo.

Los proveedores de ADN, a las tiernas preguntas de sus vástagos, ávidos de conocimiento, responden con voz bien alta incluso mirando y sonriendo a las personas circundantes, meros espectadores para ellos y totalmente 'partícipes'.

Si están en una tienda, el niño se acerca con paso tambaleante a los estantes y tira todo objeto que se le ponga a tiro, pero los progenitores le dejan hacer porque la experimentación es vital para su desarrollo, y además, seguro que resulta súper tierno y dulce a ojos de todo el mundo. Otras veces pintarrajean paredes ajenas, rompen tu colección de figuritas de porcelana o intentan estrangular al gato del vecino para comprobar cuánto tardan en morir.

Una vez vino a mi casa una pareja con su hijo de 6 años y cuando ya se iban y buscaban al 'pequeñín', nos lo encontramos en el estudio con una gran maraña de cinta de casete a su lado. Había estado todo el rato sacando cintas de casete de mi gran cofre del tesoro musical y estirando de la cinta hasta desenrollarla por completo. Cintas de grupos que no editaron en CD y que no es posible encontrar ni en tiendas ni en internet; auténticas reliquias. Sus padres, con un tierno y dulce gesto en su rostro, pidieron disculpas por el pequeño 'desorden' creado (esa fue su palabra, 'desorden'). Se limitaron a decirle que ya se iban y que podía continuar su labor experimental en su casa.

Por eso a veces les echo miradas demoníacas a los pequeños monstruos para ver si se alejan cuando estoy en un banco de un parque, en una marquesina de autobús o en la sala de espera del dentista. Cuando no surte efecto, no pocas veces, tengo que llamar la atención a los progenitores o administradores de ADN.

–Perdone, ¿puede apartar a este infante de mi círculo vital? Es que me pongo violento.

Y pienso: "No, me hace la más mínima gracia que esté babeando mi pantalón, dándome manotazos y sollozando incoherencias con tono de alcohólico. No soy un figurante de vuestra esclavitud genética."

La recombinación babeante sigue incordiando con sus movimientos desacompasados y carentes del mínimo pudor necesario.

–A ver cómo pones orden en ese batido intracraneal de neuronas. No hay ni tres sinapsis seguidas con criterio. Te recomiendo que les apliques una lobotomía para apaciguar esos ánimos tan fogosos. Y una terapia de electroshocks cada dos semanas. Hay que frenar esta efusividad producto de la novedad.

Si todavía no es suficiente:

–Mirad, que acabo de salir de la cárcel y no quiero hacer ninguna trastá. ¿Qué necesidad hay de que desfigure a alguien un 13 de noviembre a las 4 de la tarde?

El aborto obligatorio evitaría estas toscas interacciones. El aborto obligatorio también hubiera evitado mi intento de suicidio nada más nacer, cuando casi consigo ahorcarme con el cordón umbilical colocado alrededor de mi cuello gracias a mis torpes pero tenaces manitas.

Y ahora una canción de los BelatorioBiolento porque me sale de la punta y no hay condón que la pare ni dios que la interrumpa.

AvortaORebienta

Ke avorte la Birjen

o le doy de ostias

litrazo en el vomvo

y kristo rebentao

Letra: Zanahoriak

Música: BelatorioBiolento

Por Enrique Rubio

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