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Me arrepiento del mañana

nuevos emprendedores

He puesto en marcha un nuevo negocio. Me dirijo al semáforo peatonal más cercano, coloco un trípode con una pequeña máquina de video enfocando hacia el paso de cebra y hago unos estiramientos musculares. Pongo unos tacos de atletismo en la acera, coloco mis pies calzados con zapatillas de cien metros lisos y me pongo en posición de salida, con los dedos de mis manos apoyados en el suelo. Levanto la cabeza y miro fijamente el playmobil de color rojo del semáforo.

En cuanto el playmobil de abajo se pone verde, salgo disparado y cruzo la carretera con los músculos de mi cara sufriendo espasmos y fuertes sacudidas por el esfuerzo. Freno en la acera de enfrente y vuelvo a repetir el proceso. En una de cada veinte carreras me atropella un coche.

Según el Real Decreto 1428/03 o Reglamento General de Circulación:

ARTÍCULO 145, capítulo VI, sección 2ª. Semáforos reservados para peatones.

El significado de las luces de estos semáforos es el siguiente:

a. Una luz roja no intermitente, en forma de peatón inmóvil, indica a los peatones que no deben comenzar a cruzar la calzada.

b. Una luz verde no intermitente, en forma de peatón en marcha, indica a los peatones que pueden comenzar a atravesar la calzada.

No hay nada relativo a la velocidad del peatón. Puedo ir a 50 km/h una vez que pongo el pie en el asfalto. Ni siquiera tengo que apuntar la matrícula del coche que me embiste y me hace dar varias vueltas de campana en el aire; la miro en mi cámara cuando salgo del hospital y llego a casa. Una vez estuve ingresado una semana. Cobré una indemnización de 30.000 euros, aunque lo normal son contusiones, alguna rotura en algún hueso y heridas superficiales. Entonces sólo obtengo de 1500 a 4000 euros. Pero siempre gano el juicio. Me respalda la ley. Algunos coches pasan cuando su semáforo se ha puesto ya en rojo, lo que es totalmente ilegal, y otras veces el coche pasa cuando su semáforo está en naranja, pero va a una velocidad muy baja y por eso me da tiempo a llegar al arrollamiento. Estos últimos no tienen cámara para demostrar que han cruzado en naranja. Yo, sin embargo, gracias a mi cámara, ni siquiera necesito testigos para comprobar que mi semáforo estaba en verde cuando puse el primer pie en la calzada. No me gusta pedirle favores a nadie.

Por Enrique Rubio

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