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Me arrepiento del mañana

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Siempre me he preguntado qué hubiera sido de estos grupos si hubieran sido de Madrid o Barcelona en vez de Galicia, Granada, La Palma y Valencia. Seguramente hubieran alcanzado el éxito de Dover, Vetusta Morla, Standstill o Madee. Y si los Holywater, los más accesibles musicalmente de los cuatro, hubieran nacido en Estados Unidos o Reino Unido, tal vez llenarían palacios de deportes e incluso estadios a nivel internacional. O si hubieran nacido en la década adecuada.

Como siempre, hay una serie de condicionantes extramusicales que te sellan el destino a fuego. Xenofobia regional, prejuicios, menos opciones de acudir a saraos para babosear, hacer contactos que te saquen en los medios...etc... Sólo cuentan con su música y eso, hoy en día, al igual que en la literatura, no es suficiente para despuntar. Los contactos y las habilidades sociales suponen el 75% del éxito de cualquier profesional o artista. Luego está la suerte en un 20% y el 5% restante puede deberse a la calidad de la música.

Conozco y me gustan grupos emocore de muchos países, desde leyendas estadounidenses como Sunny Day Real Estate, Mineral, Elliott... pasando por By a Thread, Engine Down, This Day Forward, Cursive... los japoneses Envy, hasta los europeos Yage, Amanda Woodward y Mihai Edrish... y sin embargo, el mejor disco emocore de todos los tiempos para mí, en cuanto a impacto emocional, es el Motor Home de los granadinos Maine. Con diferencia. Irrepetible.

De igual modo, conozco a muchos grupos de rock progresivo, casi todos ingleses o americanos, y uno de los mejores en mi colección es el Salemera de Avernessus. No hay palabras para definir lo que me produce este disco. Y su siguiente disco, Salto periférico, no hace sino confirmar que el anterior disco no fue fruto del azar.

Marathon, sin duda, el mejor disco de El Agente Naranja, es uno de los mejores discos que he escuchado en este siglo. Como poco, es el mejor disco nacional del año pasado, a años luz de los demás. Con una voz tan dramática como inimitable, una producción exquisita y una inspiración compositiva fuera de lo común, este disco te permite dar la vuelta, desandar el camino lentamente para detenerte en detalles espinosos que quizá pasaron desapercibidos. Estas diez canciones engrasan tus nervios y excitan aquellas regiones cerebrales olvidadas y anquilosadas. ¿Emocore, indie, post-rock, metal? Ningún género en concreto y todos a la vez, o lo que es lo mismo: El Agente Naranja etiqueta negra. Pero como fue autoeditado y no pagan anuncios en las revistas, se les humilla con críticas destructivas en el mejor de los casos.

Otro grupo que es heredero de los Tool más progesivos, con una calidad y profundidad sin igual, que deja a los Sôber a la altura del betún, y una carrera de 20 años, son los valencianos Morgana Vs Morgana, pero son ninguneados por las revistas de publicidad disfrazadas de crítica musical, de nuevo como castigo por autoeditarse los cuatro discos.

Esta discriminación no sólo sucede en España; también en Francia. Grupos como Kwoon o Agora Fidelio deberían ser mundialmente reconocidos y, sin embargo, sólo los conocen cuatro gatos, entre los cuales me cuento afortunadamente. Y en Nueva Zelanda estaban los Clann Zú, con su segundo disco Black coats & bandages, una obra maestra sin parangón que podía haber revolucionado el panorama progresivo mundial y que pasó sin pena ni gloria.

Sin embargo, los Holywater son el caso más sangrante, debido a su historial discográfico y a la intensidad, la constancia y la calidad de sus directos. Hay muy pocos grupos con esa carrera tan sólida, ese directo tan intenso, ese talento para expresar emociones y sin embargo, con tan pocos seguidores (aunque fieles y apasionados). Cuando escucho en directo a Ricardo Rodríguez en una sala diminuta, a veces en un bar, siento el inmenso privilegio de conocerlos y de haber ido a su concierto. Cuando, antes o después del concierto, Ricardo está abajo con el resto de mortales, de acá para allá, siento como si Eddie Vedder o Thom Yorke se hubieran bajado del escenario a charlar con sus seguidores. Me pongo nervioso. Siento el pudor del pringado que admira a un genio. Les pido un autógrafo como el niño que espera la salida de Michael Jordan en la puerta del United Center de Chicago en los años noventa.

A Holywater se les suele achacar que su sonido es noventero, como si eso fuera algo malo, porque no están de moda los 90´s; todavía no es la hora del revival. El hecho de que muchos grupos suenen ahora a los 80 está bien visto, es una moda, aunque en los 90's y 2000´s, sonar ochentero era ridículo y hortera. Tal vez Holywater se han adelantado 10 años al revival.

Hay dos formas de escuchar música: A, con ánimo de pertenencia a un grupo social o una moda (como el que viste de una manera determinada) o B, por puro placer musical, en la cual me incluyo.

Para mí, los noventa son la mejor década de la música junto con los sesenta y los setenta en cuanto a calidad, innovación y emoción. Pero aunque no fuera así, me daría igual, pues para mí solo existen dos tipos de música: la que me emociona y la que no. Y me han emocionado artistas y grupos de casi todos los estilos y épocas musicales existentes. Por tanto, no es cuestión de estilo, sino del talento para expresar emociones. Con todo, Holywater tienen un sonido más que reconocible, que no me recuerda a ningún otro grupo, pese a tener sus influencias como todo hijo de vecino.

Ninguno de los grupos mencionados será nunca portada de Mondosonoro o Rock de Lux y demás medios corruptos ni aparecerá en sus listas del año llenas de intereses y prejuicios extramusicales y/o esnobs. Sin embargo, en mi historia musical y emocional, Holywater, Maine, Avernessus, Kwoon, Agora Fidelio y Clann Zú están al nivel de leyendas como Pearl Jam, Tool, Soundgarden, Sunny Day Real Estate, Alice in Chains, Radiohead o Jeff Buckley.

Por Enrique Rubio

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