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Me arrepiento del mañana

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Por muchos intentos educativos y campañas publicitarias que se hagan, nunca habrá el 50% de mujeres y hombres en todas las profesiones porque estadísticamente, como promedio o en los dos extremos de la campana de Gauss, nuestras preferencias y nuestros rasgos psicológicos no son los mismos. Está más que demostrado.

Recomiendo a los escépticos el documental 'La paradoja de la igualdad'.

La típica paridad por decreto me parece un insulto a la mujer, un acto machista encubierto de una condescendencia degradante. Pues, si una persona ocupa un puesto, entre otras cosas, por el hecho de ser mujer, siempre será mirada con recelo, pues sus aptitudes y su currículum se pondrán en entredicho al no ser las únicas razones para su nombramiento, al igual que es visto con desconfianza el que ha obtenido un trabajo por ser familiar del jefe. Además, la paridad en, por ejemplo, los ministros, los diputados de un determinado partido...etc... se convierte en una discriminación para los hombres que estén mejor dotados para el puesto, pues serán adelantados por mujeres con peor currículum o menor capacidad sólo por el hecho de ser mujeres.

Al igual que un hombre no puede parir o dar de mamar por mucho que se lo proponga, una mujer no puede correr 100 metros en menos de 10 segundos ni puede levantar 450 kilos. Una mujer también va a tener muchas más dificultades que un hombre si se mete a policía antidisturbios o a bombera. No nos engañemos. ¿Por qué elegir una profesión que te va a llevar por el camino de la amargura, como la minería o las fuerzas armadas, en la sección de infantería? ¿Si los hombres se tiraran por un puente harían las mujeres lo mismo en pos de la sagrada igualdad?

Además, está científicamente probado que el hombre es mejor que la mujer la hora de asumir riesgos (tanto físicos como psicológicos) y que no es tan reacio a trabajos que requieran movilidad e incertidumbre; ésta es una de las razones de que el hombre ocupe trabajos mejor remunerados y que ocupe puestos directivos en mayor medida que la mujer, pues en las empresas capitalistas son valores muy codiciados. La desigualdad en los puestos directivos no es debida a los prejuicios de género tanto como se cree, pues en los países donde apenas existen tales prejuicios las diferencias se mantienen. Las mujeres, en promedio, prefieren trabajos más seguros, estables, cercanos al hogar para poder compaginar su vida familiar, porque al final, instintivamente, es ella quien se ocupa en mayor medida del cuidado de los hijos y las tareas del hogar. Por si fuera poco, también está demostrado que, como promedio, la autoestima de los hombres está más vinculada a su estatus, su salario y su riqueza que la autoestima de las mujeres en todas las culturas.

No es cuestión de crear etiquetas rígidas e inamovibles, sino de aceptar que hombres y mujeres tienen naturalezas diferentes (en promedio) y que por tanto las preferencias de unos y otros nunca serán iguales. Cuando a las mujeres se las educa en ambientes de igualdad y se les da las mismas oportunidades que a los hombres, siguen decantándose en mayor medida por disciplinas que requieren aptitudes como la comunicación, el cuidado, la atención psicológica y las letras (en contraposición a los números). Una cosa son los derechos que toda persona debe tener, sea hombre o mujer, en donde sí tiene que haber igualdad y otra suponer que hombres y mujeres son idénticos psicológicamente y que tienen que hacer exactamente lo mismo. Por ejemplo, hay y habrá mujeres que son y serán eminencias en alguna ingeniería, matemáticas, física cuántica...etc... y deben ser tratadas exactamente igual que sus colegas masculinos (el mismo salario, el mismo trato y las mismas exigencias), pero en promedio, siempre habrá más hombres que mujeres en esas disciplinas, es una cuestión genética, no hay por qué poner el grito en el cielo por este hecho evidente e incontestable, eso no hace a las mujeres peores o a los hombres mejores. Genéticamente hay diferencias entre hombres y mujeres que crean tendencias y capacidades diferentes que provienen de la época de las sociedades de cazadores-recolectores y, por mucho que cambiemos culturalmente, la genética sigue siendo la misma y se sigue manifestando igual. Si este hecho no se ajusta a tu moral o ideología, puedes hacer la vista gorda, pero se vivirá en la ignorancia y ya sabemos que cuando nuestras ideas no se corresponden con la realidad, surgen la torpeza, la ineficacia de las políticas sociales y se contribuye a la infelicidad de la población. Se puede surfear sobre los genes, pero no se puede ir contra ellos ni intentar taparlos, acaban saliendo a flote.

Si tiene que venir la paridad dentro de varios miles de años gracias a la evolución (aunque no creo que la especie dure más 200 años), será bienvenida, pero si no llega, ¿pasa algo? ¿Qué tiene de bueno que hombres y mujeres sean exactamente iguales desde el punto de vista genético o psicológico? ¡Menudo aburrimiento! Para eso mejor que no existan los sexos.

Las hijas del feminismo radical de género se han empeñado en ir en contra de su propia naturaleza o realizar actividades para las que física o psicológicamente, por regla general, no están tan capacitadas como el hombre y además se ha sobrecargado de tareas, hasta el punto de 'intentar ser mujer y no morir en el intento'. Si una mujer superdotada físicamente o con una mente andrógina y amante del riesgo, puede desempeñar un determinado trabajo, por duro que sea, como la minería o la albañilería a 45 grados centígrados, aunque habitualmente sea realizado por hombres, me parece fantástico que lo realice y espero que la sociedad no le ponga obstáculos extra ni que sea examinada con una lupa mayor que la utilizada con los hombres. ¿Quién podría prohibir que alguien haga lo que le dé la gana, si le gusta y le hace feliz? Al igual que me parece fenomenal que un ciego, si quiere ser director de cine y demuestra que puede hacerlo, lo sea. No seré yo quien le ponga la zancadilla. Pero lo que no veo inteligente es que se imponga la idea en la sociedad de que un ciego, no solo puede, sino que debe dirigir una película de alto presupuesto para ser libre y desarrollarse como persona. El 99'9 de los ciegos se darán cabezazos contra la pared, nunca mejor dicho.

Las feministas de género también se han empeñado en copiar lo peor del hombre. ¿Por qué querer ser igual que el hombre cuando éste tiene tantos fallos y lleva a cabo conductas tan desadaptativas y despreciables? ¿Tiene la mujer que fumar, beber alcohol, decir palabrotas, ser soez y malhablada, ser una futbolera fanática del Real Madrid o Barcelona y hacer sufrir y asesinar toros en una plaza en pos de la igualdad? ¿Debe matar seres inocentes en una guerra, llegar a lo más alto de una empresa para explotar a los trabajadores y acaparar una riqueza desmesurada para alimentar la pobreza y la desigualdad excesiva o llegar a presidenta de una comunidad para llevar acabo una corrupción sin escrúpulos? ¿Debe haber paridad en las bandas terroristas, en las bandas mafiosas y en las empresas de sicarios?

¿Por qué ese empeño en ser igual de patético que el hombre cuando podría ser mucho mejor?

Parece que muchas de las mujeres que se autodenominan feministas están siguiendo el credo patriarcal y machista a rajatabla, como si hubiera que sustituir al hombre por otro hombre con cuerpo de mujer, como si hubiera que aniquilar a un enemigo, sustituirlo y que todo siga exactamente igual. Que muchas feministas se empeñen en vestir, peinarse y tener aspecto de hombre, me parece también bastante paradójico.

Yo, si fuera mujer, sinceramente, hubiera preferido ser bastante mejor que el hombre y sólo integrar aquellas cosas buenas, sabias y saludables, sin renunciar a la idiosincrasia de su sexo, psique femenina incluida.

Todo esto me hace pensar que hay una problemática que está por encina del supuesto conflicto de género: la ofuscación, la esclavitud hacia unas creencias, la inconciencia y la ignorancia. Si solucionáramos estos problemas universales con algo de sabiduría y lucidez arreglábamos la supuesta guerra de sexos y desaparecerían todos sus conflictos derivados. Cada cual viviría en libertad pero sin renegar de su particularidad sexual, de aquello que nos hace hombres o mujeres, que no se resume sólo a unos órganos sexuales diferentes.

Por Enrique Rubio

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