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Me arrepiento del mañana

debuid

Escritores que nos venden su separación en un libro que no tiene ni pies ni cabeza y en donde no hay ni una sola frase a la altura. Escritores de renombre en horas bajas que aceptan cualquier encargo editorial, aunque sea un libro sobre la serie televisiva pestilente del momento disfrazado de libro histórico, un producto de autoayuda con algún título efectista para la gran horda de zombis o un producto para niños, un mercado mucho más rentable que el de los adultos. Esos trabajos los habría hecho mejor cualquier negro literario mínimanente solvente (me ofrezco para sus futuros productos editoriales, aunque sigan poniendo sus nombres).

"Tenía que comprarle uniformes a mis hijos." "La escribí porque necesitaba dinero". Y encima tienen la cara de ser sinceros, como si eso limpiara la estela de mierda que dejan y el barrizal en que se han metido. Sus carreras ya no podrán desligarse de esas bajezas. Sus siguientes libros ya no tendrán ninguna credibilidad.

Apuesto a que no han vendido lo que esperaban con esos productos. Se han ensuciado las manos, han manchado su nombre y su trayectoria y encima siguen con facturas pendientes, hijos hambrientos y bolsillos vacíos. No se puede ser negro de la noche a la mañana. Si no aprendes ciertas cosas sobre la mente zombi, debes tener al menos un talento natural especial para escribir basura que conecte con la gran masa enferma y pentapléjica. Aunque tengas talento para crear obras auténticas y personales, aunque tengas agudeza, sentido crítico y lucidez para no repetir patrones trillados hasta el hueso, no por ello vas a ser capaz de crear algo mediocre que atraiga a la legión de mediocres. No todos los escritores pueden crear refritos adictivos, complacientes y digeribles que no requieran de ningún proceso mental complejo o discrepante con los esquemas sociales preestablecidos. El ejemplo más ilustrativo es Albert Espinosa, un auténtico genio para fabricar bazofia de la buena. Lo digo sin una pizca de ironía; hay que ser un superdotado (o tener una cabeza especialmente ridícula) para escribir algo tan deleznable, precario y empachoso y conseguir que se venda a capazos. Sin embargo, Espinosa no te engaña, no se prostituye repentinamente; nació ya violado por todos sus orificios.

Si tan necesitados estaban dichos escritores con alma, ¿por qué no sacaron esos libros bajo seudónimo? ¿O por qué no se convirtieron en negros literarios para otros autores súper ventas? ¿Por qué manchar su nombre de esa forma?

La regla de oro de todo negro literario es: nunca debe aparecer tu nombre en la portada, ¡jamás!

¡Si por lo menos compaginaran los encargos industriales con obras de calidad que lleven su sello característico! No digo que no evolucionen y prueben cosas nuevas, digo que no se dejen sodomizar y que no monten una fábrica con horario de oficina. ¿Qué hay de los lectores que eran acérrimos seguidores o fanáticos de algunas de sus obras? Si por lo menos pudieran contratar a un negro literario que escribiera sus libros personales y auténticos mientras ellos se prostituyen...

Otro tanto pasa con los directores de cine, que se prestan a hacer series y películas de encargo de ideología neonazi y costumbrismo rancio para la población senil con el modelo o la estrella de la prensa del corazón de turno metido a actor. ¿No podrían permanecer en el anonimato aquellos directores que hayan demostrado personalidad y autenticidad en sus películas anteriores y ahora estén corrompiéndose para poder comer?

Es mejor que se hubieran muerto. Los muertos por lo menos ya no defraudan.

¿No podían buscar un trabajo ajeno a la literatura o el cine a media jornada para poder seguir escribiendo lo que les apetezca y les apasione?

Hay escritores y cineastas que nombran a sus hijos y sus necesidades alimenticias cada vez que hablan de un guión, película o libro estúpido e incluso reconocen abiertamente que han escrito éste o aquel libro por dinero. ¿Cree que al lector o el espectador que sigue su obra desde sus comienzos le importan todas estas bajezas humanitarias cuando se dispone a leer uno de sus libros? "Admiraba al Loriga de 'Trífero' o 'El hombre que inventó Manhattan' pero le perdono esta basura porque ha dicho que era para que coman sus hijos. Voy a comprar toda su porquería venidera en plan apadrinamiento de un necesitado. Y no solo eso, ¡a partir de ahora voy a comprar tres ejemplares de cada nuevo producto!". ¿Tan malo es ponerse a descargar camiones, reponer en un supermercado, recolectar fruta o repartir publicidad para luego escribir sólo aquello que te salga de los cojones sin medir las consecuencias ni mirar la cuenta bancaria? ¿Tan malo es escribir mierda para otros autores y no tragársela uno? ¡Que se hubiera liado con otra famosa para volver a salir en los medios! ¡Que se meta a desfilar de modelo! ¡Que se metan en Gran Hermano, Supervivientes o cualquier otro reality pero que sigan escribiendo para ellos y para nadie más! Lo peor que le puede pasar a alguien es querer ser escritor antes que querer escribir. El que quiere ser escritor a toda costa y vivir de ello es un cáncer para la sociedad y para él mismo.

Nadie debería tener hijos, pero un escritor menos todavía, por el bien de los lectores. Y si los tienen, que se desentiendan.

Ni los políticos ni los escritores (o cualquier artista en general) debería depender de la política, la literatura o el arte para sobrevivir.

El término para describir a un escritor que hace encargos sucios para sí mismo debería ser 'negro maricón literario' o algo por el estilo, pues, para ser congruentes, si el término 'negro literario' es racista, el nuevo término más denigrante debe ser homófobo como poco. Dejémoslo en 'chapero literario', para evitar la palabra 'maricón', demasiado gratis y manoseada.

Lo peor es que este chapero literario no es gay, es heterosexual y se ve obligado a ser sodomizado por su propia polla y a que todo el mundo lo sepa y lo vea.

Por Enrique Rubio

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