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Me arrepiento del mañana

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Siempre me ha sorprendido la atención mediática que ha recibido Pau Donés cuando es de los peores músicos que ha habido en España en toda su historia. Insisto, ni siquiera sirve para los niños, los retrasados mentales, las garrupijas o los neonazis, unas composiciones y unas letras para vomitar el páncreas y que te salgan los intestinos por los orificios nasales. Y casi todas iguales, con unos estribillos que consisten en decir el título de la canción cual manifestante con megáfono. Dicho esto, quiero subrayar que el tema de este artículo no es la mediocridad musical de Pau Donés (si me encantara su música y sus letras opinaría y escribiría lo mismo), pero lo menciono porque está relacionado: normalmente tienen éxito productos culturales bastante mediocres y sin talento que encajan a la perfección con los esquemas mentales de la gente y con la corrección social y sus dogmas tan rígidos e incuestionables como la virginidad de la Virgen. Y habitualmente la gente que recurre a llevar la bandera del buenismo social es porque no tiene nada mejor que ofrecer.

Por eso siempre he achacado el éxito de Jarabe de Palo al buenrollismo y el optimismo hippioso almibarado que tanto degustan los fieles con suma obediencia y placer. Y a los contactos (presentadores, músicos, productores...) que igualmente han sucumbido al hechizo aceitoso y edulcorado. Pau Donés ha caído super bien a todo el mundo, incluso a los estafadores y criminales de la banca, que lo han fichado para publicitar al Banco Sabadell y nutrirse de su cáncer, de su ejemplo de sacrificio como cortina de humo de sus actividades mafiosas. Pau ganará una buena pasta robada al pueblo y se autopromocionará todavía más a costa de ellos al unísono.

Doble ganancia.

Máxima rentabilidad.

Riesgo cero.

La banca, ya sabéis, el gran enemigo del pueblo, aquellos buitres que basan su astronómico beneficio en una estafa piramidal fundamentada en la deuda, robando a manos llenas a los que producen y hacen, sin producir ni hacer nada, aquéllos que echan de sus casas a gente humilde a patadas, esa gente humilde, ese pueblo que supuestamente tanto ama Pau, el chico bohemio de barrio obrero, aunque quizá sólo valore al pueblo como compradores de discos y entradas para sus conciertos.

El cáncer le viene como anillo al dedo, y no estoy diciendo con ello que me alegre de que tenga cáncer, totalmente al contrario, como explicaré más abajo. Ni en sus mejores sueños hubiera podido imaginar Pau tanta fortuna de tener un cáncer, y sobre todo, de recaer, pues ahora nos va a vender mejor que nunca la cultura del esfuerzo, la lucha, el optimismo, la vitalidad infinita y la sonrisa perenne, lo único que lleva vendiendo desde el primer disco a falta de un talento musical mínimo. Y lo peor, habrá nueva música super comprometida, ilusa y obediente con la dictadura social. Negocio redondo. Y para la industria musical, billetes a mansalva sin invertir nada. Si sobrevive, será un héroe, un superviviente; si muere, un mártir, un santo, un dios.

Ojalá Pau Donés nunca hubiera tenido cáncer, ojalá que por lo menos no hubiera recaído y ojalá que no se muera nunca, pues nos van a bombardear con su música lamentable como si fuera oro molido, habrá disco póstumo, 'the best of', documentales, homenajes, premios, libros de autoayuda escritos por negros con 'Pau Donés' como autor, versiones de sus 'canciones' por sus músicos amigos haciendo de tripas corazón, fundaciones con su nombre...etc...y va a copar todos los telediarios y programas de televisión como un jesucristo de hojalata más. Su muerte sería lo peor que me podría pasar a mí y mis úlceras y a la gente medianamente lúcida que quede ahí fuera.

El circo mediático y el mercadeo de la enfermedad que está montando Pau Donés es el mismo que habéis montado con Pablo Raez. Drama, hazaña, santificación del luchador, pánico a la derrota, a la muerte... todo tiene que ser épico en la vida... qué coñazo. ¿Por qué no nos dejamos morir cuando nos estamos muriendo y nos han dicho los médicos que es inevitable? ¿No sería una muerte más tranquila? ¿Hay que obedecer a la cultura del sufrimiento perpetuo hasta el último hálito de vida? ¿No os parece una gran contradicción que la gente diga que hay que tomarse la muerte como algo normal, natural, que se den 500 premios a 'Mar adentro' de Amenábar, que bata récord en taquilla y que luego se monte tanto espectáculo circense por una persona que, como otros millones de personas en el mundo, tiene cáncer? ¿Por qué hay que santificar a alguien por tener cáncer o cualquier otra enfermedad grave? ¿Tiene algún mérito especial? Y como dice este otro artículo, si cuando alguien se cura del cáncer es un luchador que ha ganado la batalla, cuando se muere, ¿ha sido un gandul que no ha puesto de su parte?

La hipocresía, la cultura del esfuerzo agónico y el optimismo ciego son la verdadera enfermedad de nuestra sociedad.

Por Enrique Rubio

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