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Me arrepiento del mañana

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Durante mi vida he asistido a diversos actos de gente muy lúcida y sabia que nos ha dicho en qué nos equivocamos y por qué es mejor ser de otra manera, y todos los asistentes hemos asentido firmemente, lo veíamos clarísimo, pero al salir de la conferencia, seguíamos con los esquemas intactos e íbamos a cometer las mismas torpezas de siempre. Lo mismo pasa con los libros, por buenos que sean, e incluso con acudir a un psicólogo. Una inmensa mayoría de personas que van a un psicólogo sólo quieren una palmadita en la espalda, ser escuchado o que le den una receta para ser feliz sin cambiar ni uno solo de sus esquemas.

Incluso en las asociaciones con gente más inquieta, supuestamente libre y lúcida, me he encontrado a personas de su 'cúpula' (los fundadores) con prejuicios, creencias rígidas, fanatismo respecto a algunos temas y hasta violencia cuando alguien ha cuestionado sus dogmas. Y si había en dicha asociación alguien verdaderamente consciente, libre y lúcido, dicha sabiduría no se ha contagiado al resto ni una pizca. Algo que me ha sorprendido bastante (mi grado de pesimismo no llegaba tan lejos) pero que confirma aquel dicho de que todo se contagia menos la hermosura. Sólo se contagia lo malo, lo patológico, lo dogmático, lo ignorante, porque es infinitamente más cómodo para nuestras mentes.

La poca o mucha sabiduría que tengo, no la he adquirido nunca por escuchar a otro, leer un libro, ser miembro de una asociación, ver una conferencia en Youtube, ver una película...etc...La he adquirido mediante el más extremo de los dolores. Luego, cuando me he adaptado porque no había más narices, y las piezas de mi mente se han reestructurado por sí mismas (pues aunque haya sido yo quien las ha cambiado, parece como si se movieran solas porque no hay otra salida) entonces he recordado éste o aquél fragmento de un libro de psicología o aquella frase genial de un psicólogo en una charla...etc.. y me he dicho: joder, cuánta razón tenía, es completamente cierto, ¿por qué no me apliqué el cuento? Sencillo, no me apliqué el cuento porque no quise, literalmente, o porque me autoengañé pensando que sí lo estaba aplicando cuando en realidad estaba aplicando más dosis de la misma medicina venenosa. Porque, y esto es lo más importante que he aprendido por mi experiencia y observación de los demás, sólo se evoluciona y se adquiere algo de sabiduría con dolor extremo, y a menudo ni así.

Os sacarán el dinero con talleres, convivencias, encuentros en lugares naturales paradisíacos, libros, yoga, meditación... Actualizarán términos, como en el caso del mindfulness, el palabro de moda, porque en inglés suena mucho más cool y parece algo nuevo e innovador que acaban de descubrir, como el fuego o la rueda. Es lo mismo que hace el neoliberalismo capitalista con un sinfín de modas y palabras para provocar una ilusión de progreso e innovación constante, de modernidad, aunque se trate básicamente de lo mismo de siempre: meditación. Una actividad que no te ayudará en nada por sí misma si no la acompañas de otra serie de trabajos mentales que muy poca gente está dispuesta a practicar. Sí, puedes relajarte un rato, puedes desconectar media hora, pero en cuanto te levantas sigues con los mismos esquemas podridos de siempre y con un tamaño de conciencia exactamente igual. Para profundizar en este tema, recomiendo este artículo sobre la imbecilidad en el 99 % de la 'mindfulness people' y este estudio científico.

He conocido en el pasado bastante gente implicada en asociaciones de yoga, meditación zen y todas las innumerables corrientes afines de desarrollo personal que basan su éxito en el efecto placebo efímero, y muchas de estas personas estaban destrozadas psicológicamente y sus vidas eran un caos. Incluso una vez conocí a una chica plenamente comprometida con estas seudorreligiones y sumamente 'practicante', que había pedido la baja en su trabajo por depresión después de años y años de 'desarrollo personal', por lo que deberíais daros con un canto en los dientes si no os dejan peor. En el mejor de los casos, os entretendrán, conoceréis gente, e incluso ligaréis si tenéis habilidades para ello (algo que por cierto, no te enseñarán en ninguna de estas asociaciones, algo esencial para eso que llaman felicidad). Acudiréis a un sinfín de actos, charlas, conferencias con gente que habla muy bien, y os servirá de vida social como al católico que sale de su casa solo para ir a misa y gracias a ello ve a sus vecinos y habla con ellos de lo divino y de lo humano, pero no conseguiréis mucho más.

La mejor asociación, ONG, corriente psicológica...etc... para el cambio de la humanidad sería aquella que produjera un sufrimiento insoportable en la gente que todavía sufre un dolor moderado. Es así de brusco y matemático. Ni dos millones de post súper lúcidos, ni cincuenta millones de libros vendidos, ni doscientas mil quedadas en un paraje idílico, con meditación, perdón, con 'mindfulness', ni una charla de alguien de lucidez cegadora ni talleres de tropecientas mil actividades 'terapéuticas' y enriquecedoras te van a cambiar lo más mínimo.

Por eso nuestra desaparición como especie es inevitable, pues la lucha contra el cambio climático, la sostenibilidad integrada en el capitalismo, los coches eléctricos, la energía solar, las bicicletas, el reciclaje...etc... son autoengaños a gran escala (iguales que el yoga, el 'mindfulness' y demás engañifas individuales), como querer desintegrar el meteorito que extinguió a los dinosaurios con un tirachinas, porque no estamos enfrentándonos al verdadero problema cuya única solución es que el consumo baje en todo el planeta al nivel de países como Cuba, algo que en Occidente y en Asia ni se lo plantean, porque todavía estamos demasiado 'bien'. Y cuando el dolor que sufra toda la humanidad sea insoportable y comiencen a cambiar algunas mentes, será muy tarde, pues estará todo el planeta arrasado y los humanos peleando en la Tercera y Última Guerra Mundial.

Mientras tanto, podéis seguir mareando la perdiz con mindfulness, coaching, feng shui, running, reiki, biofood, clown, laughter therapy, rebirthing, the hour of the planet y Santiago's road para seguir alimentando el capitalismo neoliberal, lucrando a su legión de curanderos buitres y sus adalides del buenismo y la falsa espiritualidad o, en el mejor de los casos, para autoengañaros de que estáis aprendiendo y cambiando algo al escuchar a esas poquísimas personas sabias y elocuentes no adscritas a ninguna doctrina que quieren lo mejor para vosotros sin ánimo de lucro.

La carnicería más sangrienta está a la vuelta de la esquina, hagáis lo que hagáis, escuchéis a quien escuchéis y os contéis las mentiras que os contéis.

Perdón, the bloody slaughter, the bloody massacre, the bloody carnage, the bloody bloodshed.

Por Enrique Rubio

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