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Me arrepiento del mañana

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Desde hace un tiempo, me asombra la proliferación de adeptos a la Iglesia Runner. ¿Soy yo que no evoluciono o es verdad que os estáis volviendo todos gilipollas (o más gilipollas de lo que ya erais)? ¿Sois  conscientes de la fiebre que hay con el tema? Los runners son la tribu urbana más exitosa y ridícula de esta década después del emo de principios de siglo.

De repente todo el puto mundo lleva sus mallas hiper mega inteligentes, su pulsera para medir tonterías varias, su mp3 o móvil de última generación acoplado en el brazo con un brazalete mega ergonómico y sus zapatillas ‘especialmente diseñadas para correr por el parque’ de colores chillones y/o fosforitos, para que seáis visibles y no seáis atropellados por otros runners, supongo, porque entre la música del mp3y las gafas ahumadas de esquiar ni veis ni oís una mierda.

Y además la gente va así al supermercado, al cine, a la biblioteca, al centro de salud, porque es una tribu urbana, una moda textil mas que nada tiene que ver con salir a correr un rato. Runners hasta en misa en la cola de las hostias haciendo un suave precalentamiento. Más que tribu urbana, es una religión nueva, cuya catedral es Decathlon (cuyos diez mandamientos tienen que estar recogidos en alguna parte), donde hay que ir varias veces al año. Veo a marujas runner, pijos runner, neohippies runner, garrulos runner, culturetas runner...

Ojo, no es lo mismo salir a correr que ser un runner. Tal vez no sea necesario, pero visto el panorama de parálisis mental circundante, me siento obligado a aclararlo. Los que realmente salen a correr para mejorar su bienestar físico y psicológico se ponen el primer trapo viejo y descolorido que encuentran; la típica camiseta blanca roída que te regalaron en alguna promoción de alguna empresa, causa solidaria...etc... y el típico pantaloncito corto para cualquier deporte o para estar en tu casa en verano que cuesta 2 euros en cualquier mercadillo y que conservas casi desde la niñez. Yo cuando salgo a correr por un parque veo el mismo número de personas corriendo más o menos que hace veinte años y los que corren de verdad y sudan la gota gorda no son ‘runners’ ni van disfrazados de Regreso al Futuro.

Veo pocos runners corriendo de verdad. Se mueven a duras penas, casi arrastrándose, con esas cataratas de carne y grasa hiper embutidas a punto de reventar. Y aunque les salga en el reloj que han quemado 3565 calorías, yo los veo exactamente igual al cabo de tres meses, con las mismas cartucheras y las mismas mochilas de grasa bien sujetas y acopladas a cada hueso y no hay aplicación que pueda maquillar eso.

Me pregunto: ¿habrán decidido hacer la secuela de ‘Blade runner’ después de 35 años por el auge imparable de esta moda ‘runner’, aunque no tengan nada que ver, para ver si gran parte del rebaño millennial y otros zombis mayores, en sus mallas y zapas cibernéticas, se mete al cine?

Dentro de poco, si no ya, veremos abuelitos de 80 y 90 años con sus mallas (abultada en el trasero por los pañales marca Adidas), gadgets vanguardistas de Media Markt y sus andadores fosforescentes marca Nike hiper inteligentes que medirán la presión que ejerce el viejo, si se sostiene poco o mucho, el grado de temblor de sus manos y sonará una alarma cuando caiga redondo al suelo en la meta o última parada del trekking: la parada cardiorrespiratoria o the cardiorespiratory arrest, para que me entiendan los runners y los mindfulness.

Por Enrique Rubio

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