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Me arrepiento del mañana

Abuelo

Mi abuelo amenazando a mi abuela con el puño en alto por si no lo 'retrataba' bien. Joputa.

Mi abuelo era más progre que nadie. Sus orígenes estaban en el Partido Comunista, después fue un militante ejemplar de Izquierda Unida y hasta en sus últimos días su nieto lo inscribió en Podemos para que pudiera votar en todas y cada una de las decisiones, asambleas, programas, listas, consultas.

Tenía un panel de corcho en su habitación donde clavaba todos los lacitos reivindicativos existentes. Llegué a contar 57. Pero entre todas las luchas, si hay una por que se desvivía, era el feminismo y la lucha por la igualdad. Tenía, sin embargo, un defecto, una fea costumbre que consistía en usar la palabra ‘guapa’ como comodín en todas las conversaciones con mujeres. “Hola guapa, ¿cómo está tu madre?” “Hola, guapa, ¿quién es el último?” “Guapa, ¿me pones kilo y medio de tomates y medio kilo de cebollas, guapa”. “Me vas a poner un chato de vino y unas almendras, guapa”. Me sacaba de mis casillas ese ‘guapa’ eterno, no porque chocara con mi feminismo o con la cultura hiper progre de la familia, me repateaba y punto. Ese baboseo pasteloso con las mujeres era superior a mis fuerzas. Así que se me ocurrió decirle que era algo machista a ver si tocaba su corazoncito progre e hiper feminista. Me daba igual que tuviera 90 años. Nunca es tarde si la dicha es buena.

– Abuelo, lo de guapa esto, guapa lo otro, es un micromachismo intolerable. ¡Si por lo menos se lo dijeras solo a las que son guapas! Así que, además de machista, eres un maldito mentiroso.

–...

El abuelo se quedó en estado de shock pero yo continué por el temor a quedarme a medias y no conseguir ningún efecto.

–Se empieza diciendo 'guapa' y se acaba asesinando a las mujeres. ¿Es que quieres matar a la abuela? ¿Quieres desfigurarle la cara con ácido?

Algo hizo crack en su cabeza y ya no volvió a hablar. Se quedó totalmente catatónico. Lo enterramos una semana después y envolvimos el ataúd en la bandera republicana. Nunca le conté a nadie que yo había matado al abuelo.

Por Enrique Rubio

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