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Me arrepiento del mañana

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Intro: La verdad es que no sé cómo denominar a los feministas de género, porque casi nadie sabe qué son y en qué se distinguen del feminismo de la igualdad. ‘Feminazis’ está muy manoseado, lo usan algunas personas con las que no tengo absolutamente nada que ver, y aunque me parece el más apropiado y descriptivo, lo han convertido en un insulto que te puede desacreditar ante el 90% de la población.

Y el término femiyihadista que he usado últimamente me parece muy largo. Si lo acoto y digo ‘femis’ puede parecer que me refiero a todo el feminismo del tipo que sea. Así que he pensado en llamarlos ‘femidistas’, ¿qué os parece? Uso el neutro porque también hay muchos hombres entre sus filas, aunque este artículo va dedicado a las mujeres, a las FEMIDISTAS con D y con A.

Asunto: Al parecer, a algunas feministas de género, a muchas o a todas (no sé el porcentaje porque la confusión y la contradicción más flagrante es la norma en los adeptos a esta secta) les parece fatal que exista la prostitución, el porno y hasta el sexo en sí mismo. Pero resulta que si las mujeres necesitaran el sexo en sí mismo tanto como los hombres, sin evaluar constante e inconscientemente el lado reproductivo (la crianza, la calidad de los genes, la fidelidad, el vínculo amoroso, las capacidades del macho...etc...), no existiría la prostitución, que es femenina en un 99,99999 % desde hace quinientos billones de billones de años. Los hombres quieren follar a todas horas y con todas las mujeres que puedan (más o menos atractivas, preferiblemente).

Solución: Así que, femidistas, os propongo la siguiente revolución mental y conductual para acabar con la prostitución, el porno y también para erradicar la mala hostia, el vinagre en sangre y el odio: follad mucho y con hombres variados (podéis alternar con mujeres también, siempre que no descuidéis a los hombres necesitados, y si sois lesbianas 100%, haced un sacrificio por la causa). Cada semana un hombre diferente, sea guapo, feo, torpe, listo, pobre o rico. Disfrutad del sexo sin más, femidistas, dejad a un lado la mojigatería religiosa y la acritud que sólo alimenta el ego enfermo e insaciable. Satisfaced vuestras necesidades sexuales saciando las de otros hombres. Es muy sencillo y es gratis. Y  sobre todo, femidistas: follaos a los hombres más machistas, conservadores y casposos hasta dejarlos sin un ápice de energía, hasta matarlos casi literalmente de placer y satisfacción. No os contentéis con enseñar las tetas en actos de protesta como hacen las de Femen. Eso es como fumar con boquilla, ponerse solo la mitad de un disfraz en carnaval o meterse al mar con los calcetines puestos porque hace frío. Id más lejos: follaos en el acto, de repente y sin previo aviso, a los policías, a los antidisturbios, a los corbatas saturados de testosterona, a los empresarios cipotudos en los asientos traseros de sus Mercedes, a todos los miembros del comité ejecutivo del Patriarcado S.A en la fiesta de empresa de diciembre, a los sacerdotes a la salida de sus misas y hasta a los violadores más reincidentes en un callejón oscuro mediante una emboscada en grupo. Hacedles la felación más gratificante para que renieguen de la ‘lacra’ de la prostitución y acabaréis también con gran parte de los violadores, los pederastas, los maltratadores, los problemas de salud física y mental de todo el mundo. Un hombre bien follado dejará de someter y maltratar a las mujeres, aparcará sus planes maquiavélicos contra vosotras, ninguneará las instrucciones del Manual del Patriarca que lleva pasando de mano en mano a través de las generaciones por miles de años. Y una mujer bien follada dejará de crear conflictos allá por dónde pise y tal vez incluso abandone la secta ideológica que le ha absorbido los sesos más que TVE  a los pensionistas. Un ser humano con la pirámide de Maslow perfectamente satisfecha no puede hacer daño a nadie. Es más pacífico y bondadoso que un osito panda. Conseguiréis por fin que la brecha de género sólo sea lo que tenéis entre las piernas, una brecha que está para abrazar a los penes enfurecidos, para ablandarlos con ternura, para que todo fluya y compartáis información. Dejaos de maquillajes, de tacones, de implantes y de hostias. Dejaos de modelitos, de ropita fashion, de si aspecto andrógino o hiper femenino, de si un look clasicón, cultureta, neohippie, cani o super moderno, de si falda o pantalón (todos, hombres y mujeres, deberíais llevar falda para follar en cualquier parte más cómodamente), de si pelos cenicientos y blanquecinos para que sepan que eres de la secta femidista o pelos de colores para irradiar un progresismo chupiguay, y poneos a follar en todas las posiciones habidas y por haber. Dejad de marear la perdiz, de alimentar vuestra psicopatología y de miraros el ombligo constantemente. Y a los hombres os digo: renunciad también al software genético masculino de ‘quiero follar con las guapas’. Bajad el listón. Todo es acostumbrarse. Un coño es un coño si cierras los ojos. Pero ya que he sido yo el gran descubridor de esta idea tan revolucionaria y efectiva, dejadme a mí las modelos más esculturales, bellas y jóvenes. Han sufrido un calvario por culpa de su belleza, apenas han follado o disfrutado de nada en la vida, todo ha sido obsesión por conservar ese atractivo y una selección sexual extrema para encontrar al macho alfa en vías de extinción, y cuando han encontrado al gran macho con genes perfectos al cabo de siglos de castidad, ha resultado ser un imbécil de campeonato a los dos meses. Necesitan el tacto, la comprensión, la sabiduría y los conocimientos psicológicos que sólo yo poseo para superar el trauma. No penséis que será algo agradable al 100% este mansplaining: enseñar a las guapas y a modelos 90-60-90 a disfrutar; será un trabajo de chinos.

Por Enrique Rubio

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