
Gato vs bebé
Un gato siempre es un gato, desde que nace hasta que muere. Busca caricias, persigue cosas en movimiento, come, lo huele todo y duerme mucho. Sin embargo, un niño no para de transformarse, casi siempre a peor. Empieza siendo un cúmulo celular inofensivo y después se transforma en un ser egoísta y caprichoso, después en un pandillero violento y rebelde que pega a sus padres, después en un adulto amargado y depresivo y después en un anciano más amargado y depresivo todavía.
(Si quieres leer el texto completo, 'Me arrepiento del mañana', de venta en la web)
Por Enrique Rubio