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Me arrepiento del mañana

Mis gatos

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Gato vs bebé

Un gato siempre es un gato, desde que nace hasta que muere. Busca caricias, persigue cosas en movimiento, come, lo huele todo y duerme mucho. Sin embargo, un niño no para de transformarse, casi siempre a peor. Empieza siendo un cúmulo celular inofensivo y después se transforma en un ser egoísta y caprichoso, después en un pandillero violento y rebelde que pega a sus padres, después en un adulto amargado y depresivo y después en un anciano más amargado y depresivo todavía.

Bonsái de tigre

Un gato es un bonsái de tigre o un león portátil. Pequeño pero con un procesador muy potente. No conozco un animal más inteligente en proporción a su pequeña cabeza. Kowski sabe cómo abrir las puertas con manivela y todavía me pregunto cómo es posible que se haya dado cuenta, cómo es posible que haya establecido una analogía entre el movimiento de un brazo con mano que acciona una manivela y saltar, quedarse agarrado a la manivela, bajarla por el propio peso y abrir la puerta. Desde entonces siempre que entro o salgo tengo que cerrar con llave la puerta del piso. Los gatos no saben que el exterior es un infierno. Los gatos no saben que están mejor en casa. Los gatos solo quieren salir y explorar.

Sucedáneo y sublimación

Mis gatos persiguen una cordonera con un trozo de papel atado en la punta mintiéndose a sí mismos e imaginando que persiguen a un roedor que corre sobre hojas secas en un bosque. La sacarina, la masturbación, fornicar con preservativo (donde tienes que echarle mucha imaginación para sentir que te estás tirando una hembra humana de verdad y no una muñeca hinchable)... son sucedáneos similares en la especie humana. A veces mis gatos juegan con un grano de pienso o un taquito de jamón cocido; se revuelcan, lo pinchan, lo empujan con las patas como si fueran un pinball... Se imaginan que es una presa que han cazado y un rato después se la comen. Kowski, mi gato macho, está castrado y Nana, mi gata hembra, está esterilizada, aunque pasó varios años con el celo y se frotaba contra mí para que hiciera algo, y yo no podía ni siquiera ser un sucedáneo o una sublimación. A menudo me he preguntado si serían más felices en el exterior copulando sin parar con cualquier gato y persiguiendo presas de verdad aunque corrieran serio riesgo de morir, de caer enfermos, de ser atropellados, de pasar hambre o de que sus numerosas crías no consiguieran sobrevivir. A los gatos no les preocupa el futuro. Viven minuto a minuto. A veces se quejan pero nunca se preocupan. ¿Sería el ser humano más feliz aplastando al vecino a puñetazos, violando a pelo a la primera individua buenorra que se le pusiera a tiro y comiéndose un panal de miel a mordiscos sin espantar a las abejas? No sé si sería feliz, pero el placer absoluto, aunque fugaz, estaría más que asegurado.

Cuidadico

A veces se persiguen por toda la casa y se pelean brutalmente. Yo les dejo, porque sin sexo y sin caza, ¿qué les queda? Que disfruten un poco de la violencia, aunque siempre les digo lo mismo: "¡Llevad cuidadico, no os hagáis daño!"

Fue sólo un accidente

Los gatos no saben si les has agredido a propósito o si ha sido un accidente. Ellos sólo se asustan y se meten debajo de la cama. A mí me gustaría poder explicarles que cuando les piso la cola, cuando los atropello porque no los he visto o cuando me muevo en la cama por la noche (a menudo duermen encima mía o a mi lado) y los tiro al suelo, ha sido sin querer.

Cuando echo una meada, a Kowski le gusta acercarse y encaramarse al váter para ver como cae el chorro. Normalmente viene antes de que empiece a caer, sólo con oír la tapa. Un día estaba Kowski mirando hacia abajo esperando la cascada amarilla y el chorro me salió desviado y le meé toda la cabeza y huyo como una bala. Menos mal que, aunque los gatos no entienden de propósito o voluntad, tampoco tienen rencor, y se les olvida pronto el incidente.

Disculpadme un momento. Nana se h a suubido a mIs musloss y se da topetazos co la cabeza comtra mis manos par a qu la acarisie. No e deja verr la pandalla. Aella se la suuda lo di gital. ólo le interessa l o an alógico.

Ya. Se ha acurrucado en mis muslos y me deja continuar.

La Traviata

A veces Kowski se pone travieso y empieza a tirar al suelo todo lo que pilla en lejas y mesas o se pone a arañar cualquier cosa que haga ruido. Un día descubrí que no le gusta la ópera, porque me puse a cantarle con voz de tenor: ¡Deeeejalooooooo! ¡Deee...jaaaaa....looooOOOOO! Cuando le canto en italiano tiene más efecto y si le canto Le nozze di Figaro o La Traviata sufre auténtico terror y deja de hacer travesuras en las siguientes 8 horas.

Hay quien dice que no es la ópera sino mi interpretación de la misma, pero este es otro tema.

Generatriz

Ya sabéis que soy el Elegido Supremo antigeneratriz. Pues bien, cuando adopté a Nana, cada mes, más o menos, y por un periodo de 7 días con sus 24 horas, empezaba a maullar escandalosamente, ulular de forma desquiciada, como una sirena de bomberos a la máxima potencia. Generatriz me avisaba de su existencia y me martilleaba el alma como castigo. Cuando una gata está en celo, su vida corre serio peligro. Nana, en estado normal, siempre ha sido muy asustadiza y arisca cuando la tocas. Pero cuando le entraba el celo podías sobarla hasta la extenuación, podías cogerla y tirarla hacia arriba para que diera varias vueltas de campana y la volvías a coger y no se asustaba lo más mínimo; sólo quería más caricias. Se restregaba por todos sitios, se caía de una leja o una mesa al suelo, perdía toda noción de la realidad. Podía aparecer un depredador y comérsela y ella seguiría retorciéndose acarameladamente en su estómago. A Genaratriz no le importa nuestro bienestar ni nuestra supervivencia; sólo quiere que nos reproduzcamos.

Simbiosis

Cuando, después de comer, me recuesto en el sofá, Nana se pone encima de mi barriga y me presiona alternativamente con sus patas (reflejo de presionar las mamas de su madre para que salga más leche) y me ayuda a hacer la digestión.

Colas sobrantes

Las colas, tanto humanas como gatunas, tienen vida independiente. A veces Nana está la mar de tranquila tumbada en el sol, y de repente su cola se pone a moverse y le golpea en la cara. Entonces ella intenta atraparla con las garras y cuando lo consigue, se le vuelve a escapar y vuelve a golpearle y ella vuelve a engancharla con una pata y la muerde para que se esté quieta. Cuando está con ganas de juego, le encanta perseguirse la cola, pero cuando está descansando, su cola es un coñazo. La entiendo perfectamente. A los hombres a menudo nos pasa lo mismo con la nuestra. Tú quieres descansar y ella quiere salir en busca de mujeres y te lleva a rastras.

Alma gatuna

Desde que tengo a mis gatos, me fijo más en las semejanzas que en las diferencias entre humanos y "animales". Desde entonces, soy mas consciente de que soy un animal. Sin embargo, al mismo tiempo, cuando mis gatos me miran, veo un alma, más sencilla y auténtica que la nuestra, pero un alma, una conciencia, agudeza y mucha curiosidad.

Tal vez los gatos sean más humanos que el homo sapiens y los humanos más animales que los gatos.

Estufas peludas

Yo duermo con mis gatos y nunca paso frío. Los gatos calientan que da gusto y son mucho más baratos que una estufa eléctrica o una bolsa de agua caliente. Menos mal que las compañías eléctricas mafiosas todavía no controlan la fabricación del pienso para gatos.

Mi dosis diaria

No puedo estar fuera de mi casa más de 4 horas. Enseguida los echo de menos y tengo que volver para meter mi cabeza en sus barrigas peludas y esnifar su esencia. No sé si son una medicina o una droga. No entiendo cómo puede vivir alguien sin un gato cerca.

Mis gatos son lo único de lo que no me arrepiento.

 

Por Enrique Rubio

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