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Recuerdo cuando salí de la película ‘Blue Jasmine’ de Woody Allen, donde la protagonista, interpretada por Cate Blanchett, sufre las penurias de la clase alta, el glamour y las marcas más elitistas y me encontré en todas las marquesinas un anuncio de Giorgio Armani con una Cate Blanchett radiante, gracias a Photoshop, que nos persuadía implícitamente para que cayéramos en el mismo error que cae Jasmine. Me resultó bastante curioso que sacaran el anuncio aprovechando el estreno de la película. No quiero decir que sean cosas incompatibles ni hablo de inmoralidad.

Un actor no tiene por qué aprender de los papeles que lleva a cabo, no tiene por qué estar de acuerdo con el mensaje que lleva implícito su película, tampoco tiene por qué ser congruente con sus valores y creencias personales a la hora de hacer un anuncio, allá él con su personalidad desdoblada o su hipocresía, pero algo me chirrío en la cabeza. Sentí que una gran disonancia perpetúa este sistema capitalista y materialista y Cate Blanchett lo encarnaba a la perfección, como muchos otros famosos.

No hay solución posible. La crítica forma parte del sistema y se nos vende como un producto cultural a consumir dentro de la sala de cine. Cuando sales acaba la película y empieza la vida real. El anuncio de Armani te dice que lo que has visto en la sala era solo una película, ficción, mentira, y el anuncio es la REALIDAD VERDADERA. No hay peligro alguno para el capitalismo. La cultura y la crítica forman parte del gran algoritmo. El sistema es inquebrantable.

Este desdoblamiento de Cate es un ejemplo paradigmático de la gran ilusión de la cultura: creer que un libro, una película o un disco de música puede cambiar en algo la gran estupidez humana del populacho cuando ni siquiera es capaz de cambiar lo más mínimo al autor de la obra o al actor que protagoniza la caída a los infiernos por llevar la vida que ese preciso actor lleva en la realidad. Un director puede dar una lección moral en una película en contra de la xenofobia y cuando termina el rodaje seguir siendo el mismo fascista ignorante de siempre e incluso votar a Donald Trump, como es el caso de Clint Eastwood y su película Gran Torino. Sin embargo, los Guardianes de la Cultura Sagrada creen a pies juntillas que la incultura es el origen de todos los males y que cuando un ser humano consume cultura, se transforma en una persona buena, sabia y lúcida. Son numerosos los casos de directores y actores izquierdosos, comprometidos con toda causa perdida, que critican duramente en sus películas los males de la sociedad capitalista y materialista y que en cuanto ponen la pezuña en la realidad siguen viviendo en el lujo insostenible, totalmente desproporcionado, en el mundo de las joyas, las mansiones y las galas con vestidos de decenas de miles de dólares, comida exquisita cuyas sobras abundantes irán a la basura.

En ‘Antes que el diablo sepa que has muerto’ (2007, Sidney Lumet), el actor Philip Seymour Hoffman interpreta a un personaje adicto a la heroína. No se trataba de un yonki marginal que anduviera arrastrándose por calles de los suburbios o por asentamientos de mendigos debajo de los puentes, sino que se trataba de alguien de cierto estatus que iba a un lugar de nivel y glamour en un rascacielos a que le metieran un buen chute de heroína. Muy posiblemente durante esa época el actor sufría adicción a las drogas, pues en el año 2014 fue encontrado muerto en su apartamento de Manhattan con una jeringuilla clavada en el brazo. Parece como si en aquella película estuviera representándose a sí mismo, pero este trabajo no le ayudó en nada a superar sus problemas con las drogas en general y con la heroína en particular, la que acabó con su vida. ¿Y quién nos puede asegurar que entre escena y escena no se estuviera pinchando heroína, tal vez con la mala excusa o el autoengaño autcomplaciente de meterse mejor en el papel? ¿Quién nos dice que en el caso de haber estado limpio durante el rodaje, cuando este finalizó, no salió disparado hacia su apartamento en Manhattan para inyectarse una buena dosis del mejor jaco? De acuerdo, las adicciones no pueden curarse de un día para otro por mucho que te haya llegado la iluminación gracias a la diosa Cultura, por mucho que tú mismo protagonices la obra, pero en los meses y años sucesivos parece que la diosa tampoco favoreció su desintoxicación y desenganche. ¿Tendría que haber protagonizado una serie entera que tratara su gran problema para tomar conciencia? Algo me dice que no.

Actores alcohólicos que han trabajado en pelis que muestran claramente los efectos perniciosos del alcohol, actores, directores y productores que han tratado el acoso sexual, la violación o el abuso de poder una o varias veces en su filmografía y que han caído repetidamente en estos errores antes, durante y después.

Y podríamos citar un sinfín de casos parecidos y escribir un libro de 500 páginas sobre esta gran contradicción en el mundo cultural y sobre la nula huella psicológica que deja el mensaje supuestamente catártico y terapéutico de una obra de arte.