adolescentes 2

Escribí un relato-artículo sobre el caso de La Manada en junio del año 2019, criticando que saltaran por los aires los principios más básicos de la Justicia. Lo compartí en una red social y alguien escribió:

“Si fuera tu hija, ¿qué pensarías?” (en realidad eran tres líneas pero he quitado todos los insultos, amenazas…etc…)

 Yo le respondí: “¿Si fuera mi hija la que metiera en la cárcel 15 años a unos inocentes? ¡Si hace eso mi hija.....la dejo sin postre durante toda la semana! Tampoco es cuestión de violentarla, ya se sabe cómo son los adolescentes de ahora de complicados e irascibles, a ver si me va a montar a mí un pollo que ríete tú de La Manada."

“Si tuvieras de verdad una hija no harías chistecitos con algo tan serio como la violación de una pobre mujer”, apuntó.

Es curiosa la obsesión que tenía la gente con la hija que no tenía. Durante muchos años era uno de los deseos más ardientes de toda feminista al leer muchos de mis post, relatos y artículos.

“Ojalá violen y le den una paliza de muerte a tu hija. A ver si entonces sigues poniendo ese montón de gilipolleces”.

También citaban a mi madre (que ya había muerto y no tenía el cuerpo para muchos trotes, ni siquiera para una violación necrófila) y a mi supuesta hermana, que tampoco tuve la suerte de conocer porque nunca existió. Me propuse entonces muy seriamente tener una hija, porque, de nuevo, el cuerpo de mi madre no estaba para muchos trotes en lo referente a darme una hermanita. Quería saber qué es eso tan especial que sucede en tu mente cuando tienes una hija.

En el primer intento nos salió un varón según una ecografía que se hizo mi pareja sexual a los cuatro meses. Si teníamos un hijo iba a ser un coñazo, íbamos a tener que estar deconstruyéndolo continuamente y diciéndole que no saliera por ahí a violar y a maltratar mujeres a diestro y siniestro o se quedaba sin sus dibujos animados del canal Disney. Y además no nos servía para nuestro experimento, que era mucho más sencillo que educar a un niño, pues nuestra hija nos cambiaría ipso facto solo por el mero hecho de ser de genotipo XX. Así que abortó.

A la tercera fue la vencida y por fin mi pareja se quedó embaraza de una niña (bueno, de un feto XX). Cuando mi hija creció y empezó a ver algo raro sobre los motivos de fabricarla, me preguntó:

–¿Papi, por qué me tuviste?

–Para ver qué sucede entonces a mi ética, mis creencias, mis valores…etc…

–¿Y no hubiera sido mejor adoptar?

–No, el vínculo tiene que ser biológico, según las feministas. Y ahora, lo siento, hija, pero tienen que violarte y molerte a palos porque si no nos quedamos a medias. Solo entonces podré ver la luz.

–Jooooo. Pues no quiero.

–Hija, ¿quieres quedarte sin postre durante una semana?