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Me arrepiento del mañana

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Cuando estoy viendo una película y aparece un gato, aunque sea de fondo, o por la calle, ya no puedo seguir la historia. Mientras está el gato en pantalla, todas mis neuronas apuntan a él y sólo veo y oigo al gato. Si desaparece del plano empiezo a mirar por los alrededores de la pantalla y por detrás, y si no aparece más en toda la película, no paro de preguntarme qué habrá sido del gato.

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(Breve introducción. Este relato no es ficción, ni trata de ser un ejercicio literario lleno de metáforas brillantes, frases legendarias e ideas super ingeniosas. No tiene giros calculados, no tiene en cuenta las fórmulas narrativas de Robert McKee, ni le importa si esta o aquella parte es más o menos interesante, no es para mojar las bragas de las nenas ni para recibir palmaditas en la espalda. Sólo se trata de una forma de registrar en algún lugar la historia de Susia. A quienes no os guste mi gata, que-os-jo-dan)

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Están saliendo a la luz muchísimos casos de denuncias falsas de violencia de género y violaciones por parte de hijas de puta (que las hay en cantidades industriales) que se aprovechan de las leyes femiDistas para dar rienda suelta a su crueldad, inhumanidad y maquiavelismo más retorcidos. Pero el caso de Torbe es paradigmático, pone de relieve que no estamos hablando de nimiedades y demuestra de forma espeluznante lo que es el desamparo legal de los hombres respecto a las denuncias falsas por delitos sexuales y hasta dónde pueden llegar sus consecuencias y es un ejemplo perfecto de cómo una mujer loca e hija de puta y unos medios atroces y psicópatas te pueden destrozar totalmente la vida y salir éstos totalmente indemnes e impunes amparados por la dictadura más inmisericorde y genocida del siglo 21: la dictadura femiDista. La odisea de Torbe es sangrante, terrorífica, la mayor de las injusticias perpetradas precisamente por la Justicia (justicia que llaman ‘patriarcal’, cágate lorito).

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Foto: Escena de la serie ‘El último hombre en la Tierra’ en la que el protagonista hace un gran agujero en el trampolín para usar la piscina como váter

Me bajo. Game over.

En los inicios de Podemos, es este artículo, confesaba mi simpatía con el movimiento aunque admitía que con los años podían acabar como el Psoe, pues eran humanos corrompibles y la conciencia desarrollada es un bien escasísimo, incluso en la gente con las mejores intenciones y la más alta inteligencia.  Pero pensaba que tardarían muchos años en pudrirse y por eso había que apostar por ellos en ese momento, pero no esperaba que sucediera nada más empezar, y además sin haber gobernado. Pero sí, al parecer, uno puede ser Felipe González de la noche a la mañana debido a alguna causa paranormal.

Por Enrique Rubio

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