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Me arrepiento del mañana

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Hace poco me metí en un post de un izquierdista religioso llamado José Daniel Espejo a tocar los cojones. Es mi segunda afición favorita después de meter el dedo en el ojo a los femiDistas. Después de eso ya están los gatos como pasiones principales. Los Asperger somos así de obsesivos y limitaditos.

 Se trataba de un post en el que ponían a parir (cero argumentos, solo descalificaciones) un tuit del escritor Juan Soto Ivars en el que hablaba de cómo funcionan los linchamientos, a colación de una pelea a muerte en Internet entre dos izquierdistas reputados y sobre todo, venerados: Alberto Garzón y un tal Daniel Bernabé; la típica y enésima guerra sanguinaria para ver quién es más puro y más correcto moralmente, en la que solo puede quedar uno y todos los demás mueren y en la que cada cual tiene a su ejército para disparar humillaciones personales y falacias ad hominem a troche y moche. Un juicio sumarísimo más del gran cáncer izquierdista que se devora a sí mismo y que le pone una alfombra roja a la derecha y a la extrema derecha.

No había leído nada de Soto Ivars aunque me sonaba mucho su nombre, pero para los ofendidos del post yo era sotoivarsista doce meses antes de haber nacido y lo sería hasta una semana después de muerto. Además, cada dos frases que me dedicaban, había cuatros falacias ad hominem y cinco descalificaciones. Curiosamente estaban aplicando a rajatabla el mecanismo del linchamiento propuesto por Ivars, algo que los enervó todavía más, sobre todo cuando lo hice constar en el post por aquello de los despistados. De todos los intentos de humillación y de todos los improperios, el que más me llamó la atención fue el de ‘ya está aquí el librepensador’, cuando dije que la división binaria y tribal entre izquierda y derecha era muy simplista y peligrosa y cuando insinué o mencioné explícitamente (ya no me acuerdo), que no me consideraba ni de derechas ni de izquierdas, tal y como respira hoy la izquierda (algo que hace reventar sus cabezas, por cierto). Entonces es matemático; siempre intentan equipararte al ignorante que dice tal cosa para no pillarse los dedos o al que es de derechas y se niega a reconocerlo, de nuevo, para variar, una falacia ad hominem más. ‘Eres un facha pues todos los fachas dicen que no son ni de izquierdas ni de derechas’. Para tocar los huevos más aún, entonces confesé que en mi vida había votado cuatro veces a Izquierda Unida, dos veces a Podemos y una vez al Psoe (vale, de acuerdo, una vez voté al centro-derecha del Psoe, lo confieso, pero fue para echar a un nazi), a lo que no respondieron, por supuesto, para hacer ver que, hombre, muy de derechas no seré.

Volvamos a la descalificación ‘librepensador’, que en boca de los fundamentalistas izquierdosos suena poco menos como si fueras un paria en la India.

Según el diccionario:

Librepensamiento m. Doctrina que reclama la independencia absoluta de la razón con respecto a todo criterio sobrenatural o religioso.

¿No os parece maravilloso que ‘librepensador’ se haya convertido en un insulto? Es la señal inequívoca del zeitgeist de nuestra época. Si alguien de otro tiempo o de otro planeta quisiera saber cómo es la actualidad, sólo habría que comentarle que ‘librepensador’ se ha convertido en una injuria. Es el súmmum de la política como religión, como secta, como sistema propagandístico nazi cuyos dogmas, en forma de tuits, de eslóganes biensonantes y aparentemente incuestionables, tienes que tragar y adorar sin digerir, sin reflexionarlos y criticarlos junto a los hechos, los datos, la ciencia y la lucidez que tu mente haya logrado desarrollar. Y si no tragas una de sus mentiras, autoengaños o ignorancias, eres del otro bando y no hay más que hablar.

Los femiDistas y la izquierda religiosa en general deben elegir de una vez por todas entre las dos opciones siguientes: o están con los datos y la ciencia de la era moderna o están con la religión de la edad media en donde se perseguía y se torturaba a ciertos colectivos por supersticiones, mitos y fanatismos. Así mismo, es importante recordar una cosa: se puede ser de izquierdas (o estar de acuerdo con parte de sus ideas y objetivos) y respetar la ciencia y la realidad. Si respetan la ciencia y los datos sin manipular de forma tendenciosa en temas como el cambio climático, pueden hacerlo siempre, ¡sí se puede! No sólo cuando les convenga para que el dogma no sufra y para mantener sus miedos y complejos infundados en una burbuja. La ciencia no es una moda ni una chaqueta de quita y pon. No estaría mal tampoco que renunciaran a la corrección política (lo que ellos llaman ‘micro’ no genera lo ‘macro’, enteraos ya, un chiste racista no alimenta el racismo, consultad a la Psicología aunque sea una vez al año) y que abandonaran las lapidaciones personales ante la discrepancia más liviana. Además, los izquierdistas talibanes contemporáneos deben rechazar de plano el maldito constructivismo social, más que refutado y descartado por la ciencia y uno de los cimientos más podridos de su ideología y que genera gran parte de sus penurias y fracasos. De vital importancia sería a su vez que un partido o una ideología, por muy izquierdosa y biensonante que sea, no sea un fin en sí mismo y que sea moldeable para adaptarse a cada realidad y cada tiempo. La utilidad es la clave, pues las ideas solo son ideas que solo sirven para masturbarse. Y si no es mucho pedir, una cosilla más: que abandonen el nazismo identitario para criminalizar o ensalzar grupos enteros según les convenga y que dejen de tratar a la mujer como una minusválida y como la nueva raza aria al mismo tiempo. El fascismo, por muy progre que lo pintes, no mola nada. Solo entonces la izquierda podrá ser útil a la sociedad. Mientras tanto, barra libre para la derecha, y sobre todo, para la extrema derecha.

Tal vez alguien se pregunte por qué nunca critico o hablo de la derecha. La respuesta es muy clara y fácil de entender: siempre me ha parecido bastante infantil (o extremadamente inútil, absurdo) criticar a personajes como Aznar, Rajoy, Trump, Berlusconi y a su populismo derechoso auspiciado por los medios públicos y parte de los privados. Ya ni siquiera tengo ganas de criticar al Psoe porque básicamente son lo mismo, o peor. Es como criticar a un bebé por ser tan inmaduro, a un paralítico cerebral agudo por no pronunciarse nunca sobre ningún tema o como no estar de acuerdo con los tornados, los huracanes y los terremotos. Siempre he pensado que hay que criticar a ‘los tuyos’, a tu familia por no asegurar bien la casa cuando se aproximaba un ciclón. A Podemos, a IU, a Compromís… a esos hay que martirizarlos con mil y una críticas porque son la clave del fracaso de la sociedad a todos los niveles y porque cuesta mucho creer cómo pueden caer en fanatismos religiosos, en ningunear la ciencia y en la manipulación total de la realidad y los datos objetivos que se extraen de ella. Supuestamente son los más cultos, los mejor preparados, los más espabilados, los más inteligentes, los que apuestan por la verdad. Y subrayo lo de supuestamente hasta atravesar la pantalla.

Por Enrique Rubio

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