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Me arrepiento del mañana

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Era nochebuena. Cenaba con la familia rodeado del típico ambiente navideño que tanto gusta a las madres. Calidez, reencuentro, recogimiento, diferentes comidas hechas con mucho cariño e ilusión y un árbol con toda clase de luces y adornos.

Vale, el ambiente rayaba en la ñoñería, la afectación sensiblera y la falsedad más babosa, pero aun así, era agradable dar en el gusto a madre. Tras unas palabras de gratitud por parte de padre, nos disponíamos a brindar, cuando me vino a la mente la imagen de todos los presentes naciendo con sus cabecitas apepinadas ensangrentadas asomando por la vagina de sus respectivas madres, y no pude evitar compartir mi revelación en ese mismo momento:

– ¿Vosotros sabéis que todos hemos cometido incesto con nuestras madres al nacer?

Silencio y caras raras. Tal vez no me han entendido, como soy el rarito, el asperger. Voy a explicarlo algo más.

– ¿Qué porcentaje de madres habrá tenido un orgasmo al parir a su hijo? ¿Dos de cada diez?

Y entonces se pusieron todos a cantar villancicos a grito pelado dándole sonoras bofetadas a las panderetas y masturbando violentamente a las zambombas.

Por Enrique Rubio

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