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Me arrepiento del mañana

MARINE

Hablar de la belleza física femenina actualmente es más grave que dudar de la virginidad de la Virgen, debido a la dictadura del nazismo sexual que vivimos hoy día. Y tal vez por eso mismo voy a escribir un testamentazo al respecto, porque soy muy hijo de puta y adoro la verdad y la realidad más censuradas. El yihadismo, con su burka que descosifica a la mujer y pone el foco en el valor de su psicología, de su belleza interior, es profundamente femiDista según el puritanismo tan exacerbado que está defendiendo para llevar a cabo su evangelización posmoderna. Voy al grano, que ya me estoy desviando y este artículo no es de femiDismo del Séptimo Día.

 Nunca me han gustado las mujeres muy guapas que son conscientes de su belleza, pues éstas las suelen usar como arma para gustar a todo el mundo, basan toda su identidad y autoestima en ella, y como durante su vida les ha bastado para gustar a los demás y para conseguir sus propósitos (amistad, novios, trabajos, aceptación, estatus), suelen ser más vacías, ariscas, son mucho más egocénticas y menos empáticas, más mediocres a todos los niveles, no han tenido inquietud por descubrir cosas, por cultivar su propio ocio, cultura…etc… o por cultivarse a ellas mismas, desarrollar algún aspecto mental positivo. Se han limitado a vegetar, exhibir su belleza, ir de compras a tiendas de ropa para adornar enfermizamente su belleza, y en todo caso, acumular aquellos libros, películas, grupos e ideas que le han enseñado sus novios y ex novios para impresionarlas. Hay excepciones, por supuesto. Puede que haya una mujer guapísima cada 1000 habitantes que sea tremendamente humana, empática, agradable, generosa, equilibrada mentalmente, con un sentido del humor desbordante y con muchas inquietudes y aficiones. Pero no puedes conocer a todos los individuos que conforman la humanidad de ahí fuera. Necesitas un prejuicio filtrador y el cerebro ya se encarga de generarlos automáticamente.

Pero voy a ir más allá. Detesto (aunque también la ame en cierto sentido y babee con ella, la genética es insoslayable) la belleza extrema femenina en sí misma, sea o no consciente la mujer que la soporta. No hay nada más doloroso, incapacitante y anulador para un hombre que la belleza física de una mujer en grado sumo. Y no hay maldición más grande para una mujer que ser extremadamente bella. La belleza femenina es una 'maldición' tanto para la portadora como para el macho observador. Al macho le nubla completamente la razón, los genes le engañan y le hacen pensar que esa garrupija fashion completamente idiota y vacía, esa neohippie femiDista avinagrada o esa cultureta indie soberbia y arisca son unas personas maravillosas. E irá detrás de las guapas babeando, sin ninguna dignidad, arrastrándose, con una servidumbre patética. Para la hembra es una minusvalía disfrazada de superpoder, un síndrome genético monstruoso que nada más que le traerá problemas, frustración, complejos, obsesiones e insatisfacción en cantidades industriales. Las guapas y atractivas follan muy poco debido a sus estrictos filtros de selección y además siempre están rodeadas de tropecientos pretendientes intentando seducirlas con los trucos y estrategias más torpes y rastreros. Y las más guapas suelen tener pocas inquietudes más allá de seguir explotando su propia belleza.

Además, hay algo en la extrema belleza femenina que me aterra, que me provoca una angustia existencial horrorosa, y no tiene nada que ver con la timidez o la fobia social (pues yo me pongo cardiaco con una vieja ciega y desdentada que venda cupones, una conductora de autobús con forma de mochuelo, un camarero balbuceante, la voz pregrabada de un servicio al cliente y hasta con mi propia sombra) sino con el impulso de querer poseer esa belleza, meterla en un tarro con formol y conservarla para siempre sabiendo al mismo tiempo que eso no es posible porque es inseparable del ser humano que hay debajo y porque además no hay nada más efímero que la belleza física femenina. Si a mí se me acercara Marine Vacth o Emma Stone para charlar, me daría la vuelta y saldría por patas hasta tenerlas a 5 kilómetros de distancia para que no me entrara una crisis existencial. Y si volvieran a acercarse pediría una orden de alejamiento.

Por eso siempre he preferido mujeres de belleza algo por encima de la media, porque tampoco soy gilipollas, a nadie le amarga un dulce y porque soy tan esclavo de la genética como cualquiera, pero no mucho más de un 7,5-7,9 (ahí es donde mi conciencia le pone un límite a los genes). Nunca me he interesado por una mujer con puntuación igual o superior a 8, porque además, ahí es donde empieza a abundar el desquicie mental total y comienzan a surgir psiques femeninas que no me gustan ni me interesan lo más mínimo e incluso algunas cabezas totalmente abominables e insufribles. Sí, habrá excepciones, una de cada 500 quizá, pero con este filtro gano mucho más de lo que pierdo. El tiempo es oro, no puedes conocer o evaluar bien a todas las personas con las que te cruzas, y la vida se nos escapa entre los dedos. Tic, tac, tic, tac….

La belleza femenina de 7,5 sobre 10, es más que suficiente para estar rodeada de moscones y tíos que quieran ligar con ellas aunque tengan que picar piedra durante dos décadas. Por eso van mirando el suelo continuamente para evitar el contacto ocular con cualquier macho polinizador al acecho, y no son pocas las que se han dado uno o varios cabezazos contra farolas, marquesinas, puertas de cristal y paredes de hormigón. Deberían llevar un casco, y ya puestos, un casco ahumado negro para que no se les vea la cara, un burkasko, o quizá tratamiento gratuito de la Seguridad Social en clínicas de cirugía antiestética para desmejorar sus rostros.

No quiero ni imaginar el infierno de una mujer con puntuación 10 sobre 10. No quiero ni imaginar el calvario sufrido por mujeres como Eva Green (jamás habrá belleza más salvaje e insoportable como la Eva Green de ‘Soñadores’), Marine Vacth, Cara Delevingne, Emma Stone, Sinead O ‘Connor (en su juventud) o Lourdes Hernández (Russian Red). (Cito a famosas porque todo el mundo las conoce, para que sepáis de qué caras y cuerpos hablo, aunque a lo largo de mi vida me he topado con mujeres tan o más bellas que las citadas. No soy ningún mitómano). Por no hablar del destrozo psicológico que supone para estas mujeres el paso del tiempo a medida que van envejeciendo, cuando poco a poco van perdiendo aquel poder en el que basaron casi toda su existencia. Depresión mayor, suicidio, alcohol y drogas, u obsesionarse con la cirugía estética hasta ser un auténtico monstruo con todas las letras.

Y no quiero ni imaginar el infierno que debe soportar una mujer de puntuación 9 que padezca fobia social extrema, como yo. Esa no sale de su casa ni para tirarse por la ventana. Gracias, Dios, por darme una belleza de 6 (pues tengo unas manos muy bonitas y una espalda de nadador que aumentan mi media, y la barba oculta parte de la cara, si no tendría un 4,9). Aunque un hombre guapo jamás será asediado ni la décima parte que una mujer. Gracias de nuevo, Dios mío, por no haberme hecho mujer.

En cambio, las feas son las que más follan y las que más disfrutan, son las que más fácil se lo ponen a los hombres, aunque tengan que contentarse con los torpes, los caballeros hiper educados, los mindundis, los sinceros y halagadores empedernidos, pues para ellos (y para ellas), a falta de pan, buenas son tortas, y jamás van a tener éxito con las mujeres agraciadas con esas ese tipo de estrategias. Si hubiera nacido mujer, hubiera preferido nacer fea antes que guapísima, y si hubiera podido elegir la puntuación, me quedo con un 6,5. Porque las que no follan ni a la de tres son las guapísimas debido a la extremada exigencia selectiva de su software genético. Chicas que ponen en la lista negra a cualquier tío por algo que han interpretado mal, por alguna tontería que no les ha gustado o porque no ven en él al super Conan el Bárbaro o al Bill Gates que les protegerá y les proveerá fácilmente de todos los recursos necesarios para ella y su descendencia.

Creo que he dejado bastante claro que no hay infierno mayor tanto para hombres como mujeres, que la belleza femenina a partir de 8, infinitamente más poderosa y determinante que la masculina. La belleza masculina no vuelve tan locos a los hombres porque un hombre necesita bastante más que buen físico para tener éxito con las mujeres: buena cabeza, sentido del humor, estatus profesional, pasta… Un mendigo feo y un mendigo guapísimo tienen prácticamente la misma probabilidad de éxito sexual, que está bastante cerca de cero (excepto con mendigas yonkis desdentadas). Y un mindundi físicamente hablando que sea un actor-director famoso (Javier Gutierrez, Danny Devito, Woody Allen) o un jugador de fútbol multimillonario y mediático (Messi, Franck Ribéry, Maradona…), tendrán mucha más probabilidad de éxito sexual que un Brad Pitt panadero o auxiliar administrativo. Imaginad el éxito sexual que habrían tenido Messi, con esa chispa e ingenio que tiene al hablar, o Carles Puyol, todo un bellezón de extrema inteligencia e ingenio, o Marc Gasol, con una cara y unas orejas de gorila y un cuerpo de oso de 2,15, si hubieran sido albañiles, reponedores de supermercado o fontaneros (cambio fontaneros por funcionarios de maestro de escuela, que los fontaneros están forrados). Incluso si Casillas hubiera sido árbitro, conserje o camionero, no habría tenido ninguna posibilidad con Sara Carbonero. En cambio, si Marine Vacth fuera limpiadora en un centro comercial, electricista o panadera (ay Dios mío, me la imagino amasando pan totalmente sudorosa, con tirantes cayéndosele por los hombros, con las tetas de un lado para otro… el infarto sería mucho peor que como actriz, modelo o reina de España)… Si Marine Vacth fuera panadera, decía, o agricultora, o incluso mendiga, tendría los mismos o más moscones revoloteando alrededor, como espermatozoides de cincuenta corridas de Peter North asediando un óvulo. Pero si Ángela Merkel fuera presidenta de Alemania, que lo es, o premio Nóbel de física y matemáticas, tendría prácticamente el mismo éxito sexual que si no lo fuera. ¿Conocéis algún hombre que tenga fantasías con Almudena Grandes o Lucía Etxebarria (incluso cuando tenían 25 años) por mucho que sean-fueran escritoras famosas, o con la cantautora canaria Rosana? ¿Alguien en los 90 soñaba con ligarse a Arancha Sánchez-Vicario o ahora algún hombre tiene sueños eróticos con Carolina Marín o Carla Suárez?

Todo esto es así, le explote la cabeza a quien le explote. No se trata de una opinión. Los efectos de la belleza en todos los ámbitos de la vida han sido estudiados en no pocos estudios rigurosos por parte de la psicología. Se ha llegado a verificar que los guapos (y supongo que las guapas todavía más) son más absueltos en juicios en promedio. Un feo, y sobre todo, una fea, tienen varias papeletas extra para entrar en prisión, para sacar peores notas en exámenes que no sean tipo test o para ser rechazadas a la hora de conseguir un determinado trabajo. ¿Por qué os creéis si no que las presentadoras de La Sexta, el Nodo de la progreligión, parecen sacadas de una saga porno deluxe para mentes exquisitas? ¿Por su compromiso con la descosificación sexual femenina en pro de los méritos profesionales, la ‘belleza interior’ y los dones internos?

Deberíamos poder apadrinar una guapísima vía Intermón-Oxfam, deberían existir subvenciones, subsidios, ayudas, pensiones… para la minusvalía que supone dicha catástrofe, deberían existir asociaciones que las defiendan y las cuiden con un ejército de psicólogos, al igual que existen tropecientas asociaciones sobre el síndrome de down, la anorexia o sobre los LGTBIQXXX (no me hagáis pegar el abecedario entero) porque es un infierno que no se lo deseo ni a mi peor enemigo.

Por Enrique Rubio

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