Blog

Me arrepiento del mañana

69486969 3047888071892038 3888096862137221120 n 1

Normalmente, cuando trabajo, la Raspa se acuesta detrás de mi atril de madera y se queda frita con mi tecleo y el ronroneo y la brisa del ventilador, pero el otro día estaba muy espabilada. Puse unos papeles con notas y el boli Bic en el atril y desde atrás se puso a tirarlo todo al suelo como loca. Lo volvía a poner todo en su sitio y otra vez lo tiraba, hasta que le dio a la palanquita encajada en el tope y se le cerró el atril sobre ella como una trampa para ratones y entonces se zafó y salió disparada.

 También sabe usar el móvil para llamarme y enviarme mensajes. El otro día me lo tiró al suelo (nunca lo había hecho antes), y me di cuenta de que no le quedaba pienso en el cuenco desde hacía bastante tiempo.

Un día estaba navegando desde mi ordenador fijo, en una mesa que tiene una bandeja extraíble para el teclado. La Raspa se subió y se acostó bajo la pantalla, con su cabeza en el borde, mirando cómo mis dedos pulsan las teclas. Entonces se puso a desperezarse, se dio la vuelta, y puso su cabeza al revés, mirándome boca arriba de forma que la cabeza le colgaba un poco desde la superficie para la pantalla. Me puse a acariciarle el abdomen y le dio tanto gusto que empezó a retorcerse y me hizo una croqueta y se cayó sobre el teclado y me pulsó el 85% de las teclas, armándome un buen pifostio en la pantalla.

A menudo me pongo a jugar con la Raspa a las persecuciones, se le eriza la cola cual plumero, sale corriendo disparada y yo detrás gritándole '¡un conejico pa el arroz!'. Y entonces sus patas se mueven al doble de velocidad.

Está obsesionada con las monedas. Si dejas una moneda en cualquier parte, por escondido que sea, la descubre a los pocos minutos, tiene un detector de metales en la cabeza, y la tira al suelo y se pone a jugar. Y más de una vez nos hemos encontrado monedas fuera del piso, en el descansillo de la planta, al lado del ascensor. Una vez encontré una moneda de 5 céntimos en su cuenco para la comida, entre el pienso. Desde entonces la llamó Urraspa.

Siempre como o ceno con ella acostada al lado del plato. A veces quiere tocar la comida, olerla o comerla (cada vez menos), porque fue una gata callejera hasta los 7 meses y sobrevivió con toda clase de comida de los vecinos y por eso le gusta todo. Entonces tengo que formar una barricada alrededor del plato con botes y vasos, pero no es suficiente, y tengo que añadir el spray con agua a mi empalizada para que se lo piense mejor. A veces, cuando me pilla sin mi fuerte apache, estira la pata para tocar la comida y a medio camino se autocensura, y la retira, y tuerce la cabeza, sabe que está mal, pero no puede resistirse, tiene una lucha brutal es su pequeña cabeza. Y cuando me levanto y voy al frigorífico, me doy la vuelta y ya está intentando tocar la comida y le digo EHHHHHH, y la retira de golpe. "Te veoooooo, te veooooooo".

Otras veces se sube a la mesa o a mis piernas y hace como que quiere caricias pero se va acercando a la comida poco apoco y estira las patas como quien no quiere la cosa, pero entonces mete la pata en la comida de repente, pincha un trozo al azar, lo saca a la mesa, se lo mete en la boca y huye corriendo hacia otra habitación.

Una vez se subió en la mesa cuando comía espaguetis y cuando finalmente estiro la pata y se metió una hebra de pasta en la boca no pudo sacarla entera del plato tan rápido, y no lo esperaba, se alejaba tirando del hilo con ojos bien abiertos y gesto de sorpresa porque aquello no tenía fin. Así que me dio tiempo a agarrar el espagueti por el otro extremo, tiré hacia mí y lo volví a meter al plato.

Por Enrique Rubio

Recibe entradas en tu mail

Archivo blog

Content on this page requires a newer version of Adobe Flash Player.

Get Adobe Flash player