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Me arrepiento del mañana

bashar-al-assad

La guerra de Siria no tiene ningún encanto. No verás artistas progres y comprometidos en una concentración pro Siria. Ni huelgas de hambre ni cadenas humanas ni caceroladas en la embajada. Han muerto 20.000  personas pero la guerra de Siria no tiene ningún glamour. No tiene el mismo tirón que el conflicto del Sahara Occidental, el desierto africano al que todo bohemio progre debe ir una vez en la vida, como el musulmán a La Meca.

tak sie pracuje

Críticos que se vanaglorian de estar en 10 jurados de premios literarios y de tener que leerse 50 libros en dos meses. Blogueros que sacan una reseña cada dos días. Lectores que vacilan de haberse leído un libro de 400 páginas en una tarde. Escritores que confiesan que se han tenido que leer 500 libros para documentarse (o plagiar ideas de allí y acá) sobre el tema de su ensayo o novela. Escritores que publican un libro cada 6 meses y se jactan de ello.

murcia

Observo con curiosidad como proliferan los anuncios de puticlubs por la ciudad. Folletos en buzones, flyers en parabrisas y gigantescas vallas publicitarias con un elegante y moderno diseño acorde con los nuevos tiempos. El incremento ha sido inversamente proporcional a la crisis del ladrillo. Se cerraban negocios, se vaciaban locales y aparecían burdeles a tutiplén. Se trata de los nuevos emprendedores.

festival

Y el libro digital se impuso al libro de papel. Descargas ilegales y pirateo sistemático. Muchas editoriales quebraron y los libreros desaparecieron y se mimetizaron con la hostelería, la siderúrgica o la albañilería. La autoedición digital fue la solución para el grueso de los escritores profesionales. El mundillo literario tuvo que organizar festivales literarios del tamaño del Festival Internacional de Benicàssim, el SOS 4.8 o el Viñarock.

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Me encerré en casa durante un mes, sin salir a la calle absolutamente a nada, para meterme en la piel del personaje de una novela. Las persianas estaban bajadas, no entraba ningún rayo de luz del exterior y la televisión e internet permanecían continuamente desconectados. A los 15 días aproximadamente de aislamiento sufrí los siguientes efectos: ataques de cante flamenco sin ningún patrón previsible, ladrar a altas horas de la madrugada y cantar canciones de Serrat inventándome la letra o mezclando letras de varias canciones.

Por Enrique Rubio

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